21 Ene 2022

La liberación – Mons. Cristián Roncagliolo

En este domingo el Evangelio es particularmente incisivo ilustrando aspectos esenciales de la misión de Jesús: dar la buena noticia a los pobres, anunciar a los cautivos la libertad, a los ciegos la vista, libertad a los oprimidos (cf. Lc 14, 17s). En el corazón de la tarea del Hijo de Dios palpita una misión que podríamos definir como liberadora, la cual está apoyada sobre el sólido fundamento de la verdad: “Si se mantienen en mi Palabra, serán verdaderamente mis discípulos, y conocerán la verdad y la verdad los hará libres” (Jn 8, 31-32). 

Como enseñó Juan Pablo II, “la libertad que no se funda en la verdad condiciona de tal forma al hombre que algunas veces lo hace objeto y no sujeto de su entorno social, cultural, económico y político, dejándolo casi sin ninguna iniciativa para su desarrollo personal. Otras veces esa libertad es de talante individualista y, al no tener en cuenta la libertad de los demás, encierra al hombre en su egoísmo”. Para los cristianos, la libertad no es solamente un don y una tarea, sino que alcanzarla supone un inapreciable testimonio y un genuino aporte en el camino de la liberación de todo el género humano. Esta liberación no se reduce a los aspectos sociales y políticos, sino que encuentra su plenitud en el ejercicio de la libertad de conciencia, base y fundamento de los otros derechos humanos. 

Con estos elementos, podemos afirmar que todo en Cristo conduce a la liberación integral, cuya máxima expresión es la redención obrada en el madero y que es coherente con la verdad del hombre. Esta liberación no implica, por tanto, el abandono de la cruz o del dolor; tampoco conlleva el desinterés por los demás o la indolencia social en favor de una vida ensimismada. La propuesta de Jesús, muy por el contrario, asocia a la libertad con la preocupación entrañable por los hermanos, con el compromiso social, con un cristianismo existencial y con la consecuente vida donada. Libre es el que se da, el que se compromete, el que ama hasta el precio de sí.

La última afirmación resulta, al menos, contestada por el pensamiento dominante. Es slogan de nuestro tiempo vivir una libertad a ultranza, como autonomía absoluta (que esconden solapadamente un individualismo egoísta) y desvinculada de todo compromiso. El tiempo y el espacio propio, así como la autonomía sin trabas son custodiados como los tesoros de más valor. Al mismo tiempo, la equivocada comprensión de la libertad conlleva una creciente y dolorosa injusticia, así como un debilitamiento del compromiso. Si en otro tiempo la libertad era asociaba al libertinaje, hoy la libertad va vinculada erróneamente a evitar cualquier cosa que pueda limitar el ‘ídolo’ de la autonomía.

La propuesta liberadora de Jesucristo, evidencia que la plenitud del hombre y de la mujer se alcanza con el correcto uso de su libertad, la cual se asocia al compromiso (para liberarse uno mismo), al combate de las injusticias (para ayudar a liberar a los hermanos) y a la constatación existencial que solo siendo ofrenda se participa de la verdadera libertad. 

Los cristianos hoy tenemos que volver al Evangelio para comprender correctamente que es la liberación cristiana, teniendo como antecedente que solo quien se entrega, quien ‘se la juega’ por otro empieza a caminar hacia la preciosa liberación que es mucho más que romper grilletes, porque conlleva la redención. En cambio, quien elude el compromiso, el que vive ensimismado, el que no se arraiga en nada simplemente camina por el sendero de la creciente esclavitud cuya expresión más dramática es el no amor. 

Feliz Domingo.