Un solo Mesías: Jesús – P. Felipe Herrera
En medio de los tiempos inciertos que nos toca vivir, muchos se yerguen como poseedores de soluciones perfectas para enfrentar todas las situaciones que desafían y zamarrean a nuestra sociedad. No solo en Chile, en el mundo entero asistimos a la proliferación de movimientos populistas de todos los colores políticos que, para captar adherentes, dividen a la comunidad social entre un “nosotros, los buenos” y “el resto, los malos”. Así, aprovechándose de las legítimas expectativas de las personas que esperan liderazgos sanos y transparentes, crean esperanzas ilusorias mientras manipulan emocionalmente a la opinión pública exacerbando la ira, la frustración y el temor.
El Evangelio de este domingo nos muestra que en la época de Jesús también “el pueblo estaba a la expectativa” esperando a un mesías, y creían identificarlo en Juan Bautista. Pero este mismo profeta, que estaba al servicio del pueblo y no sirviéndose de él, no codició para sí tal notoriedad, sino que la usó para señalar al verdadero, al único Mesías: Jesucristo. Lejos de acaparar seguidores, Juan les mostró el camino de la plenitud y se desprendió de cualquier poder que tenía sobre la tierra. Se trata de una fuerte antítesis a los populismos de ayer y de hoy.
Así, el bautismo “de agua” ofrecido por Juan dio paso al bautismo de “Espíritu Santo y fuego” con el que Jesús constituyó su Iglesia. Se trata del mismo bautismo que hemos recibido todos los cristianos, y que nos configura con el Señor. Por el bautismo Dios nos hace hijos suyos y fecunda la enorme diversidad que enriquece a la familia humana, superando cualquier oposición de un “ellos contra nosotros”, para suscitar la comunión en el mundo.
Por eso nuestro bautismo, como el que recibió Jesús, es don y tarea, que nos invita a acoger la gracia de participar de su vida divina para transmitirla al mundo. Todos los bautizados, en consecuencia, estamos llamados a ser presencia de Dios en las realidades de cada día, manifestando con nuestras opciones ese Reino de Justicia y Paz que Jesús nos promete para la Vida Eterna, pero que comienza hoy si amamos a nuestros hermanos con generosidad como Él, hasta el extremo.

