“Feliz de ti por haber creído” – P. Felipe Herrera
En tiempos de gran incertidumbre, el Evangelio de este cuarto domingo de Adviento nos llega como un alivio en el camino, como un nuevo impulso de esa gracia que el Señor nos regala al invitarnos a creer en Él. No a creer en cualquiera, sino a creer en Él, el Dios de la Misericordia, el Amor Infinito, el que todo lo puede.
Atravesamos momentos de nuestra historia marcados por profundas crisis de confianza en las instituciones y en los liderazgos sociales, políticos y eclesiales. Creer en los demás se ha hecho difícil ante la falta cotidiana de transparencia, los diversos tipos de corrupción y por el egoísmo desenfrenado que tantas veces mueve lo público, lo privado y lo personal. Ha sido herida nuestra capacidad de aunar voluntades para proyectos comunitarios, y asistimos a una profunda fragmentación de nuestra sociedad, vapuleada por las fuerzas de los intereses particularistas. Esta situación que vemos en Chile, y que se repite en tantas latitudes de nuestra tierra, se aleja del todo del plan original de Dios, que nos creó para vivir en comunión con Él y entre nosotros.
Y, sin embargo, es en esta coyuntura adversa donde emerge con fuerza la posibilidad de la esperanza cristiana. El Adviento nos evoca aquella fe probada del pueblo de Israel que tantas veces se vio prácticamente perdido, sumido en la desgracia, pero que al final supo renovar su confianza en el único que podía salvarlo: Dios. Y esa fe se hizo plena en María, joven mujer desprovista de cualquier tipo de poder humano, pero cuya impotencia -porque creyó- abrió la puerta para la salvación del mundo.
Como cristianos estamos urgidos a trabajar por una transformación social que engendre justicia y paz según los criterios del Evangelio. Pero es ese mismo Evangelio el que nos recuerda que sin el Señor no podemos hacer nada, que no habrá fecundidad si no ponemos, en primer lugar, nuestra fuerza en Él. Aprovechemos este tiempo que nos dispone para acoger al “Dios con nosotros” para renovar nuestra fe total en Él y que así, también puedan decir de nosotros como de María, “Feliz de ti por haber creído”.

