04 Oct 2021

Volvamos a hablar de desigualdad – Francisco Jiménez

Uno de los problemas sociales más profundos que tiene Chile es su desigualdad. A pesar de que en los últimos 30 años ha mejorado la distribución del ingreso, sus niveles son aún muy altos. En estas tres décadas conseguimos disminuir de modo relevante la pobreza, pero la desigualdad sigue siendo un desafío pendiente.

Hace más de 70 años, San Alberto Hurtado, fundador de USEC, Unión Social de Empresarios Cristianos, señalaba que “hay en Chile dos mundos demasiado distantes: el de los que sufren y el de los que gozan, y es deber nuestro recordar que somos hermanos y que, en toda verdadera familia, la paz y los sufrimientos son comunes”.

El connotado economista italiano Stefano Zamagni, en una entrevista que formará parte del Seminario “Empresas y transformación social” que realizaremos el próximo jueves 7 de octubre, resaltó a la desigualdad como uno de los tres mayores retos actuales que deben enfrentar los países occidentales, y nuestro país naturalmente no es la excepción.

Indica Zamagni que la inequidad es problemática no sólo desde el punto de vista ético, sino que amenaza con ser además un problema económico, por los perjuicios que produce la concentración económica en la sociedad— y político, porque es un caldo de cultivo para los populismos y los llamados a la revolución. Tal como asevera el Papa Francisco en Fratelli Tutti“el desprecio de los débiles puede esconderse en formas populistas, que los utilizan demagógicamente para sus fines, o en formas liberales al servicio de los intereses económicos de los poderosos. En ambos casos se advierte la dificultad para pensar un mundo abierto que tenga lugar para todos, que incorpore a los más débiles y que respete las diversas culturas”. Adicionalmente la pandemia ha exacerbado nuestras diferencias socioeconómicas, de acceso a la tecnología y tantas otras. A final de cuentas, la desigualdad es un problema político social porque pone en peligro la fraternidad que es necesaria en los pueblos y como tal debemos enfrentarla y buscar caminos de solución.

En este sentido, la empresa tiene un rol importante desde el cual aportar para acortar las brechas y ser parte de una transformación social positiva, no solo desde la generación de trabajo decente y justo para todos sus colaboradores, cuidando sus propios niveles de desigualdad, sino también al ofrecer a la sociedad productos y servicios que sean útiles, así como crear y distribuir riqueza entre los públicos interesados, siendo así un agente clave para el desarrollo del país.

En USEC realizamos un breve sondeo a nuestros socios preguntando, entre otras cosas, cuánto se consideraba la visión de los colaboradores en la toma de decisiones de la empresa en una escala de 1 a 7. El puntaje promedio asignado a este punto fue de un 4,65. Una cifra inferior a la obtenida por otros actores como clientes (5,65), autoridades (5,16) y, ciertamente, accionistas (5,93). Hay aquí una enorme oportunidad de crecimiento en participación, inclusión e igualdad, que adicionalmente han demostrado ser positivas para la sustentabilidad de los negocios.

En USEC estamos convencidos de que la empresa, gestionada correctamente, bajo los valores del humanismo cristiano, es y será un actor relevante de transformación social. Es por esto que en nuestro seminario anual invitamos a actores del mundo empresarial, pero también emprendedores, autoridades locales, dirigentes vecinales y sindicales, para poder conversar entre todos sobre cómo hacer crecer esta visión de integrar a más empresas y a toda la sociedad en la búsqueda del bien común y de ese mejor Chile que todos queremos, más justo, más solidario, más humano y menos desigual.

Publicación: Domingo 3 de octubre de 2021, en El Líbero.