María nos abre a la esperanza – Mons. Cristián Roncagliolo
En este domingo celebramos la fiesta de la Asunción de la Virgen, recordando que la Madre del Señor fue llevada al cielo en gloria y majestad.
En la Asunción contemplamos a María, que nos abre a la esperanza, a un futuro lleno de alegría y nos enseña el camino para alcanzarlo: acoger en la fe a su Hijo; no perder nunca la amistad con él, sino dejarnos iluminar y guiar por su Palabra; seguirlo cada día, incluso en los momentos en que sentimos que nuestras cruces resultan pesadas. María, el arca de la alianza que está en el santuario del cielo, nos indica con claridad luminosa que estamos en camino hacia nuestra verdadera Casa.
Esta fiesta mariana también nos recuerda la transitoriedad de nuestra vida, que somos peregrinos que caminamos hacia la ‘tierra prometida’.
Esa realidad ha de marcar nuestras vidas hoy. En efecto, esa conciencia de transitoriedad nos hace presente que la vida es para buscar a Dios poniendo en práctica el Evangelio. Lejos de sacarnos de la realidad, esta conciencia de ser peregrinos nos ayuda a dimensionar nuestras actitudes así como la vivencia del cristianismo en toda su hondura. Y, al mismo tiempo, esta realidad ‘de paso’ nos ayuda a descubrir que muy pocas cosas son necesarias y que esta vida es el escenario donde nos preparamos para la eterna.
En último término, la fiesta de la Asunción es un renovado motivo para ir al corazón del Evangelio recordando que estamos navegando en la aventura de la vida, que la hoja de ruta son las obras de misericordia y que el puerto definitivo es el cielo.
Feliz Domingo.

