09 Jul 2021

El bastón y la túnica – Mons. Cristián Roncagliolo

No puede dejar de impresionar como nos hacemos cada vez mas necesitados de bienes materiales, de confort, de conocimientos, de alabanzas. En fin, esas ‘necesidades’ las hemos situado en el lugar de los imprescindibles, haciéndonos creer que sin ellas no podemos emprender caminos. Esto toca todos los ámbitos de la vida y también a la transmisión de la fe. 

A eso nos refiere el Evangelio de este domingo, donde el Señor nos empuja a evangelizar pero, al mismo tiempo, nos recuerda que muy pocas cosas son necesarias para este empeño. Efectivamente Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más.   

Estoy seguro que hoy muchos cristianos se sienten limitados para evangelizar y no transmiten la fe porque piensa que no tienen las competencias (como si la fe fuera un cúmulo de conocimientos) o que no saben qué decir (como si la evangelización dependiera de la erudición) o simplemente ‘les queda grande’ porque los asusta la adversidad cultural (como si los discípulos de la primera hora hubieran tenido circunstancias mejores). Estas son algunas razones esgrimidas por las que muchos padres o madres de familia, empresarios, profesionales y trabajadores permanecen ‘mudos’ y no evangelizan viviendo la fe en una suerte de anonimato, escondiendo su vida cristiana para no ser ‘descubiertos’ y enfrentar el dilema de dar la cara y de transmitir la fe. 

La invitación del Señor este domingo es a ser testigos del Evangelio con la vida, con las palabras y con la sencillez del corazón, sabiendo que la misión debe siempre comprender la predicación de la Palabra de Dios y la manifestación de su bondad con gestos de caridad, de servicio y de entrega. No es la erudición ni los talentos, ni las capacidades humanas las que hacen eficaz el anuncio sino que la unidad con el Señor. Lo que importa es nuestra amistad con el Señor y la valentía para ser sus testigos. 

El bastón y la túnica son signos de que más que bienes materiales o capacidades personales lo central para evangelizar es un corazón encendido por la buena noticia de Jesucristo y convencido de que la fe es un tesoro grande que debe ser compartido.