Que el Espíritu nos renueve en la paz y permita la unidad – P. Hugo Tagle
Transcurridos cincuenta días desde la Resurrección de Jesús, los apóstoles se encontraban reunidos con María en el Cenáculo implorando el Espíritu Santo, prometido por Jesús. Es lo que celebramos en la fiesta de Pentecostés. Es el nacimiento de la Iglesia. Jesús continúa entre nosotros, fortaleciéndonos con la presencia del Espíritu, el cual actualiza a Cristo y lo hace contemporáneo a todos los tiempos.
El acontecimiento se relata en los Hechos de los Apóstoles, que describen esa irrupción como un viento impetuoso y lenguas de fuego. El viento significa movimiento; describiendo la presencia de Dios como una acción positiva, viva; que remueve todo lo que se encuentra paralizado, que despierta a los perezosos de la modorra y arranca las ramas secas de la vida de los hombres. Y el fuego significa calor, entusiasmo, amor.
Dos grandes dones nos regala el Espíritu Santo: riqueza en la diversidad y unidad. El Papa Francisco señala: “Con imaginación e imprevisibilidad, el Espíritu crea la diversidad; en todas las épocas hace que florezcan carismas nuevos y variados. Y el mismo Espíritu realiza la unidad: junta, reúne, recompone la armonía. Reduce por sí mismo a la unidad a quienes son distintos entre sí”.
La unidad es un don que regala la gracia de Dios y que debemos implorar constantemente. Pero es también tarea para comunicar y compartir. No es uniformidad, sino el respeto a las diferencias que enriquecen nuestra convivencia. Es lo que imploramos para nuestra patria en este año complejo, marcado por la pandemia y cambios históricos. Unidad en la diversidad, que enriquece, perfecciona y plenifica la vida.
En esta fiesta, volvamos a implorar para nuestras familias, patria y para cada uno los dones del Espíritu Santo: los dones de sabiduría, de inteligencia y consejo; los dones de fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Pidamos el “fuego de amor” que arde en la Iglesia y quiere arder en el corazón de cada uno de nosotros. Rezamos en este tiempo: “Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creadas todas las cosas. Y renovarás la faz de la tierra.”
Los discípulos se encontraban “reunidos en oración” con María. Pidamos su intercesión para que el Espíritu descienda con su fuerza y nos renueve en la paz y permita la unidad. Un gran y necesario regalo para Chile en este nuevo tiempo.

