¡Queremos ver a Jesús! – Mons. Cristián Roncagliolo
En este domingo de Cuaresma, el evangelista Juan nos relata cómo algunos griegos, llegados a Jerusalén para la fiesta de la Pascua, se dirigen al apóstol Felipe con una petición extraordinaria: “Queremos ver a Jesús” (Jn 12, 21). No piden conocer un saber abstracto, ni una idea que sintetice todas las demás, ni una enseñanza ética que signifique un progreso, ni un catálogo de normas por cumplir, sino que piden el encuentro con una persona: con Jesús. En el corazón de ellos está la intuición de que ese encuentro les permitirá ver, sentir, tocar a Cristo y su propuesta del Reino que dará sentido a sus búsquedas.
Este deseo existencial por ver a Jesús, también presente en nuestro tiempo, se confronta con la tendencia a la intelectualización y a la abstracción de la fe presente hoy entre muchos miembros de la Iglesia. En efecto, está latente un ‘cristianismo’ sin Cristo, una fe restringida a la ética y a las ideas, que más se parece a una filosofía desencarnada que a una propuesta de vida plena. Esto va unido a un anuncio del Evangelio signado por las normas que cumplir o las formas que realizar, lo que desemboca en una triste rigidez existencial, que roba la alegría y hace muy pesada –y a veces insoportable– la vida. Paradojalmente, también vemos una aproximación distorsionada al cristianismo, cuando lo asociamos al activismo solidario, a la vida buena o al compromiso social, pero lo desvinculamos dramáticamente de la experiencia religiosa y lo recluimos al ‘hacer cosas buenas’, pero sin ‘inyectarle’ el sentido sobrenatural que explica y hace sostenible la ardiente entrega.
Por este motivo, quienes queremos ver a Jesús somos desafiados a buscar al Señor y a procurar entender nuestra vida desde Él. Y esto se logra concretar en la medida de que crezca en nosotros la experiencia religiosa signada por el encuentro personal con Cristo. Me atrevo a recordar los ejemplos de Pablo de Tarso y de los Reyes Magos. El primero, siendo un gran conocedor de la ley, solo cambió el norte de su vida cuando se encontró con Jesús, cuando tuvo la experiencia viva del Señor. Ese hecho, de un realismo sorprendente, fue el inicio de un camino de conversión que lo llevó a afirmar que para él la vida es Cristo y la muerte una ganancia (cf. Flp. 1, 21). Los Reyes magos vivieron una experiencia similar. Aunque eran sabios, solo el encuentro personal con Cristo, a quien adoraron, los llevó a volver a su vida diaria ‘por otro camino’. La conversión moral, intelectual, ética y en todos los niveles fue la consecuencia natural de quien se encontró con el Señor y se dejó transformar por su amor.
Muy feliz Domingo.

