Una llamada a bucear en nuestros corazones – P. Hugo Tagle
Celebramos el 3er domingo del tiempo cuaresmal. Justo la mitad de cuaresma, ya que en tres semanas más celebramos Ramos y el comienzo de la semana santa. Las lecturas de este domingo son una invitación a mirar hacia dentro, a profundizar, a dejar de lado imágenes e ídolos y girar nuestras vidas hacia lo que nos dice el libro del Éxodo: “soy el Señor, tu Dios”.
El texto de San Juan narra la expulsión de los mercaderes del templo, un relato dramático y decidor en la vida de Jesús. Marca el comienzo de las denuncias en su contra.
Jesús se enfrenta a quienes han convertido el templo en un mercado donde no hay verdadero encuentro con su Padre, sino una suerte de compra y venta de “favores divinos”. La crítica de Cristo no es contra la “religiosidad”, sino contra su ejercicio superfluo, mecánico, carente de espíritu, soberbio y arrogante. De ahí a que se nos invite a mirar al interior de nuestro corazón, no sentirnos cómodos y seguros en nuestra experiencia religiosa, sino hacer una mirada crítica a nuestro corazón, despojarnos de lo superficial y avanzar en lo esencial de nuestras vidas.
Jesús condena una forma de práctica religiosa sin fe y sin espiritualidad. Ello se ha dado siempre y se sigue dando frecuentemente. Por eso hay que estar alertas. Ya Jeremías (7,11) había clamado contra el templo porque con ello se mal usaba el nombre de Dios y se transforma la religión, la adoración a Dios, en un acto vacío. Jesús no condena el culto y la plegaria, sino su vaciamiento y falta de incidencia en la vida.
El texto sugiere también una mirada hacia dentro. Jesús, en una actitud que nos descoloca, se arma con un látigo y se enfrenta a los vendedores de animales y cambistas que han convertido el templo en lo que no es, prostituyendo su objeto inicial. “¡No conviertan en un mercado la casa de mi Padre!” ¡No se queden en lo superfluo, vayan a lo interior!, parece decirnos.
Preguntémonos: ¿Cómo es mi práctica religiosa? ¿Mi vida religiosa lleva a un cambio real, a ser mejor persona, más caritativo, justo y comprensivo? O ¿Me siento cómodo en mi fe, sin buscar crecer más en ella? San Juan afirma al final del texto que Jesús “sabía lo que hay dentro de cada persona”. Una llamada a bucear en nuestros corazones y a cambiar lo que nos separa del Dios verdadero.

