25 Ene 2021

2021: Grandes esperanzas – Sergio Merino

Este 2021 será un año con importantes desafíos para Chile: un proceso constituyente para redactar la Constitución que se espera nos rija por las próximas décadas; elecciones presidenciales previas al cambio constitucional; y la segunda ola de la pandemia. Es necesario trabajar urgentemente por la reactivación económica. Aunque es un año de mucha incertidumbre, también es un año de mucha esperanza. Por nuestra visión cristiana del mundo no podemos perder la esperanza. Y ese fue precisamente el título del último Encuentro Nacional de la Empresa (ENADE), organizado por ICARE: “Spes Magna” (“Gran Esperanza”).

El ministro de Hacienda, Ignacio Briones, nos recordaba que “nuestra historia reciente nos muestra que hemos sido capaces de realizar grandes cambios”, sin embargo, los desafíos que enfrentamos “en lo social, en lo económico y en lo político” son mayores a los de décadas anteriores. Por eso, exhortaba a “hacer las tareas” que se requieren, “en lugar de apostar a soluciones mágicas o al gatopardismo de hacer cambios para que nada cambie”.

Es verdad que este año se pueden perder muchas cosas buenas, prometiendo lo imposible, vetando cualquier avance, o posponiendo las urgencias sociales de la gente, pero tenemos la oportunidad única de construir unidos el país de los próximos años. De ahí la “gran esperanza” de los empresarios.

Si algo hemos aprendido de la crisis social, la pandemia y el plebiscito constitucional es que hoy más que nunca debemos estar unidos y cada uno debe poner su granito de arena para contribuir al bien común social. La solidaridad no consiste en delegar mayores responsabilidades en el Estado, sino que la sociedad civil se haga cargo de los problemas sociales que nos competen a todos.

Que todos los procesos simultáneos que viviremos este año salgan bien, de manera de construir un país mejor para todos, requerirá que cada uno asuma su responsabilidad para con la sociedad. En ese panorama los empresarios, y particularmente los empresarios cristianos, tenemos un papel fundamental.

Acogiendo el llamado del ministro de Hacienda, hay cuatro cosas muy concretas que los empresarios no podemos dejar de hacer, siempre poniendo a la persona en el centro. Primero, pagar a tiempo a nuestros proveedores, en su mayoría pymes; segundo, promover las buenas prácticas empresariales y no trepidar en denunciar las malas prácticas; tercero, abogar por la competencia, que incentive la provisión de mejores productos y servicios para todos; y por último, apoyar las organizaciones de la sociedad civil, con nuestro talento empresarial y con donaciones.

Las empresas tienen el deber de involucrarse más profundamente en lo que pasa en los territorios donde se sitúan. No podemos olvidarnos de las familias de los colaboradores y la comunidad de la cual forma parte la empresa, debemos vincularnos con las comunidades, ofreciendo buenos bienes y servicios, buenos empleos —pagando el sueldo más justo de acuerdo con las posibilidades de la empresa y ofreciendo en el trabajo un camino de perfeccionamiento personal—, y haciendo los frutos del trabajo accesibles a todos. Como señalaba Juan Sutil en la ENADE, los hombres y mujeres de empresa “debemos involucrarnos más en el día a día de la relación de la empresa con la sociedad y hacernos responsables de que esas relaciones sean humanas, justas y transparentes”.

Y todo este bien que podemos hacer, para los hombres y mujeres de empresa que integramos USEC (Unión Social de Empresarios Cristianos), se fundamenta no sólo en la ley o la ética laboral, sino que en nuestra visión cristiana de la empresa. No dejemos que la polarización, el populismo y la inacción ante la incertidumbre nos quiten la esperanza de construir un país más solidario post pandemia.

Publicación: Domingo 24 de enero de 2021, en El Líbero.