25 Oct 2019

Colaborar para sanar el alma de Chile – P. Felipe Herrera

Comentario del Evangelio – Domingo 27 de octubre de 2019

Evangelio según San Lucas 18, 9-14

De cara al Dios de la Verdad

El fariseo y el publicano se ponen delante de Dios en el Templo. Cada uno con un discurso diferente. El primero se congratula soberbiamente por su praxis religiosa acotada al cumplimiento de leyes y ritos. ¡Se siente satisfecho! Es incapaz de ver su realidad integral, o tal vez no tiene deseos de hacerlo. Así, el fariseo selecciona sus aspectos positivos y se los recuerda a Dios por medio de una oración que calma su conciencia. Por el contrario, el segundo hombre es plenamente consciente de su situación pecadora y no trata de disimularla delante de Dios. ¿Cómo alguien podría pensar que puede encubrir su propia verdad de cara al Todopoderoso? Así, pese a lo compleja de su condición, el publicano decide recomenzar su vida desde su más precaria contingencia.

Toda verdad para Dios es evidente, aunque a veces nosotros no la veamos o no estemos dispuestos a hacerlo. Pero hay momentos de la vida y de la historia en que la verdad se impone por su propio peso… y eso ocurre hoy en nuestra amada Patria. No podemos permitir que la absolutamente condenable violencia nos impida sentir el clamor de un pueblo chileno que se ha alzado, cansado de las injusticias que laceran al país, especialmente a los descartados de un desarrollo que no ha sido integral. Esa inequidad ha sido un modo de violencia, una opresión permanente, que muchos no hemos visto ni menos sufrido, y que ha erosionado nuestra convivencia social.

Negar los abundantes frutos del esfuerzo de millones de chilenos por construir la Patria también sería faltar a la verdad. Pero mirar solo eso olvidándonos de nuestras faltas, sería de fariseos. ¡Cuántas veces hemos sido incoherentes con nuestra fe y no nos hemos tratado como hermanos que se reconocen hijos de un mismo Padre Dios!

Se puede recomenzar, ciertamente. Pero es necesario hacerlo delante de Dios como el publicano, que asume sus errores y, con confianza, clama misericordia. Que cada uno se tome el tiempo de ponerse ante el Dios de la Justicia, de la Paz y del Amor Infinito, y se pregunte en qué ha errado y cómo puede, en un esfuerzo personal y comunitario acompañado de la gracia de Dios, colaborar a sanar el alma de Chile. ¡Él es nuestra esperanza!

¡Que la justicia nos traiga la paz!