Francisco, hablemos de empresa – Ignacio Arteaga
¿Se atreverán a hacerlo de nuevo? ¿Firmarían un compromiso personal los empresarios, ejecutivos y emprendedores de Chile, por un país más humano, libre, justo y solidario?
En el muro de una sala de reuniones de la USEC cuelgan los 10 compromisos que más de mil empresarios chilenos firmaron y entregaron al Papa Juan Pablo II con motivo de su visita a Chile, en 1987. ¡Qué distinto era nuestro país entonces! En marzo de ese año se abrieron los registros electorales, Cecilia Bolocco ganó Miss Universo, se inauguró la extensión de la Línea 2 del metro entre Los Héroes y Cal y Canto, la Teletón reunió 427 millones de pesos y en el Registro Civil se inscribieron dos niños recién nacidos: Gary Medel y Arturo Vidal.
En su discurso en la CEPAL, el Papa Juan Pablo II nos dijo “los pobres no pueden esperar”. Y cuánta razón tenía -y sigue teniendo-. En 1987 se aplicó por primera vez la encuesta Casen, que mostró que 5.501.153 chilenos vivían bajo la línea de la pobreza y 2.125.038 en situación de indigencia. Eran el 45% y el 17,4% de la población total del país, respectivamente. La esperanza de vida era de 71 años y el PIB alcanzaba los 22 mil millones de dólares.
Los compromisos firmados entonces eran necesarios para un país distinto del actual, pero también ponían un sueño, un horizonte común hacia el cual caminar. Buena parte de lo que Chile es hoy, en 1987 era solo un compromiso en un papel. Hoy tenemos la convicción de que la noble vocación empresarial y el esfuerzo de millones de personas que trabajaron cada uno de los 11.274 días que transcurrieron entre ambas visitas papales le han cambiado la cara a nuestro país.
¿Se atreverán a hacerlo de nuevo? ¿Firmarían un compromiso personal los empresarios, ejecutivos y emprendedores de Chile, por un país más humano, libre, justo y solidario?
Sobran excusas para no hacerlo: que no hay tiempo, que el horno no está para bollos, que hay un clima antiempresarial, elecciones e incertidumbre. En conversaciones, algunos nos cuestionan por qué asumir compromisos ante el Papa o que la Iglesia no entiende de negocios; que, a la primera de cambios, los curas te critican, o que el Papa lisa y llanamente no quiere a los empresarios y que la Iglesia no reconoce el esfuerzo diario y los sacrificios que implican ser un empresario, emprendedor y ejecutivo en el siglo XXI.
¿Y si en vez de quejarnos en privado, hablamos de esto en público? Juntémonos a conversar, con la convicción de que la actividad empresarial es una noble vocación. ¿Y si en vez de juzgar sobre lo que dicen que se dijo, les preguntamos a un par de expertos argentinos que conocen y saben de verdad lo que piensa el Papa sobre los negocios, la economía y la empresa? Juntémonos este martes 24 de octubre, escuchemos, hablemos y firmemos por Chile, por el país de los próximos 30 años.
Invitamos a todos los empresarios, ejecutivos y emprendedores de Chile que quieran vivir la justicia en el trabajo; a todos los hombres y mujeres de empresa que quieran promover la dignidad del trabajo y el desarrollo integral de sus colaboradores; a quienes quieren incentivar las oportunidades de acceso al trabajo, de modo especial la de aquellos olvidados, marginados o excluidos; a quienes han decidido trabajar con alegría y con amor al trabajo bien hecho, de manera que su empresa sea motor de crecimiento y contribuya al bien común de la sociedad; a los que quieren mantener relaciones basadas en la ética, la honestidad y la verdad con clientes, proveedores, competidores, autoridades y demás miembros de la comunidad; a todos quienes buscan cuidar la casa común, velando por la sustentabilidad de la actividad empresarial. Y a todos quienes toman decisiones todos los días en su trabajo y están dispuestos a preguntarse: ¿Qué haría Cristo en mi lugar?, como nos lo aconsejara San Alberto Hurtado.
Ignacio Arteaga Echeverría
Presidente de USEC
Unión Social de Empresarios, Ejecitivos y Emprendedores Cristianos
Publicación: martes 24 de octubre de 2017, en A2 de El Mercurio.
