04 Dic 2015

Rodrigo Garib: “La felicidad laboral”

La felicidad como tal no es aún un tema que sea común encontrar en las organizaciones, ni en Chile ni en otros países más desarrollados. 

La felicidad como tal no es aún un tema que sea común encontrar en las organizaciones, ni en Chile ni en otros países más desarrollados. Existe, sin embargo, un número creciente de empresas que tiene conciencia de la importancia de que las personas se encuentren bien en sus lugares de trabajo y un número menor que se ha atrevido a dar un paso más allá y han puesto la felicidad como un objetivo organizacional. Me parece importante aclarar algo que es obvio, pero que por obvio se deja de lado: Para incorporar temas como la felicidad se necesita un cierto grado rflexión y de convicción, que no descansa en la “organización”, sino en quienes la lideran. En general, quienes ejercen puestos de liderazgo hoy en día las empresas han tenido una formación centrada en los procesos, en el marketing, en las finanzas, por lo que la felicidad, si bien les resulta un tema cercano a nivel personal, les parece muy ajeno a nivel organizacional. La felicidad, pese a su importancia, es una materia bastante desconocida para quienes han sido formados para dirigir compañías. Dada la asociación que tiene la felicidad con “pasarlo bien” y el sesgo histórico que existe con el trabajo, que se entiende como un esfuerzo para poder conseguir lo que nos permite lograr bienestar, esto ha sido desplazada en las organizaciones por términos más fáciles de aceptar, como satisfacción, compromiso y confianza. Sin embargo, todos estos términos son aproximaciones a la felicidad, presentan menos sesgos y se han tomado un importante espacio, aunque todavía en un número minoritario de empresas. 

Existen varios factores que atentan contra la felicidad. El primero de ellos es la baja conciencia corporativa de que es necesario que las personas sean felices, no solo por una motivación ética, sino porque es rentable. Luegos está la dificultad que encuentran los líderes (alta gerencia y mandos medios) de compatibilizar las exigencias diarias -cuyos resultados son medidos a través de KPI’s- con la felicidad, que no tiene una medición regular, por lo que si no se logra no tendrá mayores consecuencias, a diferencia de lo que sucede con otros indicadores. La ausencia actual de dueños “presentes” también se transforma en una dificultad, porque se requiere asumir decisiones que en el corto plazo no necesariamente mostrarán retornos, lo que suele ser muy criticadopor los inversionistas. Si los dueños lideran estas iniciativas, no existe este aparente conflicto, ya que pueden tomarse libremente el tiempo para esperar los resultados necesarios. Es justo decir, sin embargo, que en ocasiones las dificultades se encuentran en las mismas personas Los colaboradores también deben poner de su parte para ser felices y no esperar que las organizaciones mejoren las rentas, los horarios, la infraestructura, etc., para poder serlo. Una de las dificultades que precisamente hemos visto es precisamente a los trabajadores (también a líderes) que siguen viendo a las empresas como un lugar donde se enfrentan empleados y empleadores, en un continuo negociar para obtener mal entendidos beneficios unilaterales. Si no existe confianza entre ambas partes, no es posible avanzar hacia la felicidad.

Sin duda, esta es una dificultad, pero solo a nivel de percepción (lo que es suficiente para constituirse como barrera), ya que la práctica indica que no existe contradicción entre los buenos resultados y la felicidad. Existe una gran cantidad de estudios que muestran la correlación positiva que existe entre la felicidad y la rentabilidad de las empresas. Más aún, la mayoría de los líderes declara públicamente que cree que los efectos de la felicidad son positivos, sin embargo, a juzgar por las acciones y las decisiones que se toman, no existe real convicción sobre esta relación y más bien, como lo demuestran estudios como el de la Universidad de Wharton, en Estados Unidos (Does the stock market fully value intangibles?, Alex Edmans), la percepción más generalizada es que invertir en felicidad o bienestar es más bien un costo adicional que una inversión que tenga retorno. El mismo anáñlisis demuestra que las empresas con trabajadores más felices son entre tres y cuatro veces más rentables que el promedio del mercado, pero no se percibe así. Si el discurso no se sostiene es exclusivamente por falta de convicción en que realmente la felicidad es una excelente inversión. 

Publicación: Revista Capital Humano de Laborum. Edición n°31, diciembre 2015.