11 Oct 2015

Ramiro Urenda hace un llamado a los empresarios a involucrarse en la acción social

Preocupado por el deterioro de la imagen del empresariado, dice que las organizaciones gremiales se defienden atrincheradas, y deberían contraatacar haciendo acciones sociales con sus trabajadores. No solo dando plata, sino también aportando con su labor.

Como una oportunidad para que los empresarios miren hacia adentro de sus organizaciones y se abran a la sociedad plantea el ex gerente general de Derco y hoy director del Pequeño Cottolengo, Ramiro Urenda, el que la empresa privada se involucre en el trabajo con fundaciones.

A los 64 años dejó la gerencia de la compañía automotora, y hoy está en su directorio y en el de otras compañías, como Masisa, pero cuenta que la mayor parte de su tiempo lo dedica al Pequeño Cottolengo, organización que maneja cuatro hogares (en Santiago, Rancagua, Quintero y Los Ángeles), donde alberga a unas 600 personas con discapacidad intelectual severa. La mayoría de los residentes son abandonados por sus familias durante la infancia y permanecen en el hogar hasta su muerte.

Urenda cuenta que llegó a una etapa donde perdió la energía y el interés de tener una posición ejecutiva de alto nivel. Buscó, y llegó al Pequeño Cottolengo, porque en su familia hay integrantes con discapacidad intelectual severa, porque desde ahí quiere defender la vida y decir no al aborto. Y porque esta fundación lo necesita, dice.

“Uno se pregunta cómo es posible que viva al tres y al cuatro una institución que se dedica, ni más ni menos, que a cuidar y salvar vidas y darles un hogar a niños que son arrojados como basura y abandonados porque tienen una condición de discapacidad mental. Resulta incomprensible. ¿Existe algo peor que eso? ¡Hay algo que funciona muy mal entre nosotros!”, reflexiona.

Él siente que debe convencer a los empresarios de que aquí y en otras fundaciones hay un aporte que vale la pena hacer. El aporte del que él habla va mucho más allá del dinero, que reconoce que es necesario. Aquí hace falta que los empresarios se involucren en el trabajo de las fundaciones.

-¿Por qué hace este llamado a los empresarios?

“En Chile la mayoría de los dueños de las empresas son muy generosos, hacen donaciones y tienen sus fundaciones a las cuales les dedican tiempo y dinero. El problema es que en muchos casos esas donaciones y esas fundaciones operan aisladas de las empresas que ellos poseen. Son actividades personales, y muchas veces de muy bajo perfil público. Pienso que con el mismo sacrificio económico, si incorporaran a sus empresas, a los trabajadores, sindicatos, ejecutivos en el proceso, se prestigiaría a la empresa privada y se generaría mayor conciencia social”.

-¿Esa es la responsabilidad social empresarial?

“Me temo que muchas veces se implementa mal la responsabilidad social empresarial, produciendo un efecto de imagen negativo a la institución de la empresa privada. Y la imagen de la empresa privada y de los empresarios es algo que a mí me preocupa mucho. Siento que a pesar de que no cabe duda de que son el verdadero motor del desarrollo y explican el 130% del progreso de Chile en los últimos 20 años, su imagen se deteriora gravemente”.

-¿Qué puede hacer la empresa?

“La empresa privada vive a la defensiva. Las organizaciones que las representan sienten las amenazas, que son ciertas y peligrosas, y se defienden atrincheradas. No contraatacamos. No somos proactivos. Nos defendemos siempre. Vivimos asustados. Para colmo, no nos atrevemos a decir que ganamos dinero, y por eso que ocultamos cualquier acción social que realicemos”.

-¿Por qué ayudar a una fundación beneficia a los empresarios?

“Te aseguro que tendrías mucho menos problemas sindicales si llamas a participar a tus sindicatos y los metes en la cuestión. Te van a ver con otros ojos. Va a haber una sensación de que están trabajando en una cuestión mucho más completa que no es solo una máquina de hacer plata”.

-¿Cuál es el aporte del mundo privado a las fundaciones?

“Los gerentes pueden aportar con su trabajo. Al analizar la fundación del Pequeño Cottolengo encontré los mismos problemas que se encuentran en las empresas: financieros, contables, de control, recursos humanos, motivacionales. Ahora estoy buscando un gerente de primer nivel para que la dirija”.

-Pero no todos pueden irse a la gerencia de una fundación.

“Desde su empresa pueden ayudar. Tengo ejemplos de una financiera que va a aportar una cuota de dinero, pero eso no es lo más importante. Me están ayudando a hacer una presentación para una empresa neozelandesa que podría ayudar”.

-¿Por qué hacerlo público? ¿No es mejor ser de bajo perfil?

“Será incómodo y puede ser por modestia y no querer hacer show, pero no es bueno, porque finalmente no se sabe, y no generas ejemplo. Habrá forma de decirlo, y es mucho más fácil decirlo si involucras a la empresa. Tendrías a más gente orgullosa de las compañías, entendiendo que las empresas privadas contribuyen. No solo con plata, sino con trabajo. Esa es la caridad.

-¿Es un llamado a la acción?

“Con el Pequeño Cottolengo estamos haciendo un club de amigos, diferente al de otras fundaciones. No se trata de pagar en la caja de un supermercado o descuento automático de la cuenta corriente. Queremos que las personas se den cuenta de que están donando. Manda $20 o $50 lucas mensuales, pero anda a visitarlos, contáctate con estos niños, descubre en qué puedes ayudar desde tu empresa. Si eres experto en sistemas y la institución lo requiere, ayuda, da una asesoría en sistemas, involúcrate, métete en el problema”.

-Pero las fundaciones no dependen solo de las empresas. ¿Cómo involucrar al resto de la sociedad?

“Haremos un evento gigante para todas las familias, que se llama Parque Feliz, para dar a conocer el Pequeño Cottolengo, sensibilizar e incluir este problema en la sociedad. El domingo 29 de noviembre tendremos un evento para 20 mil personas en el Parque Bicentenario con juegos y actividades para todas las edades. Tengo 25 profesionales organizándolo y 200 voluntarios que trabajarán ese día. He trabajado en muchas empresas, pero este es uno de los desafíos más grandes que me ha tocado enfrentar”.

El Mercurio, domingo 25 de octubre de 2015.