06 Sep 2021

USEC en el proyecto social de San Alberto Hurtado

Compartimos la publicación de nuestro periodista, José Tomás Hargous, en Diario Financiero, que resume su artículo publicado en la Revista Humanitas.

San Alberto Hurtado (1901-1952) era de la opinión de que frente a la indefensión de los trabajadores y al sindicato marxista, era urgente la promoción de un asociacionismo cristiano, autónomo de los partidos políticos y fundamentado en la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). Su proyecto de apostolado social se encarnaba en dos asociaciones: una dedicada a la formación de los trabajadores (la Acción Sindical y Económica Chilena, ASICH), y otra a la de los ‘patrones’ o empresarios (la Unión Social de Empresarios Cristianos, USEC). En este ensayo –que corresponde a una versión corregida y aumentada del ensayo ‘La USIC en el proyecto social de san Alberto Hurtado. Una mirada desde el pensamiento sociológico’– se estudia el papel jugado por USEC en el proyecto social de san Alberto Hurtado, el cual buscaba combatir la pérdida de sentido en el mundo del trabajo –fenómeno que la sociología ha denominado alienación–, y su vigencia en nuestros días.

III.- La Unión Social de Empresarios Cristianos (USEC)

1.- Antecedentes históricos de la fundación de USEC

Es interesante rescatar el estudio del caso de USEC, desde la sociología, por varias razones. Primero, a diferencia de la ASICH, USEC permanece hasta nuestros días, ‘conservando su carácter de organismo especializado de la Iglesia hacia el mundo empresarial cristiano’

Segundo, la ASICH, con posterioridad al fallecimiento del Padre Hurtado, se unió a la Confederación Internacional de Sindicatos Cristianos (CISC) como organismo de representación sindical y no como había sido fundada, como una organización para formar dirigentes obreros en la DSI.

Tercero, los estudios referidos al proyecto social de Alberto Hurtado –aunque escasos – tratan casi en su totalidad de la ASICH

Por último, parece difícil pensar que el proyecto social fundado por san Alberto Hurtado –cuya imagen siempre ha sido vincula con los más desvalidos– incluyera una organización formadora de dirigentes de empresa.

El 24 de mayo de 1948 –’en una tarde de invierno’, relata William Thayer–, san Alberto Hurtado convocó en las oficinas de la ASICH a un grupo de ‘jóvenes industriales’, con el objetivo de estudiar y difundir la DSI en el mundo empresarial, no por una razón académica, sino práctica: mejorar las condiciones de los trabajadores. Ese día nació la organización de ‘patrones’ que completaba el proyecto social hurtadiano. Tres meses después, el 30 de agosto, se realizó la primera reunión formal que, según explica Thayer, fue de trabajo y no de fundación. En ella se establece que la naciente organización se llamará Unión Social de Industriales León Harmel, en honor del dirigente industrial católico francés, y se estableció la primera directiva, encabezada por Jorge Matetic Fernández, de Inchalam.

Si bien la participación de Hurtado en la gestación de la USIC fue menor que en la ASICH y el Hogar de Cristo, en los que trabajó directamente, esta jugaba un papel crucial para la construcción de su proyecto social

Por ejemplo, en 1951 destaca en un artículo en la Revista Mensaje la difusión de la DSI que realizaba, explicando que ‘la Unión Social de los Industriales Católicos, bajo las firmas de su presidente y de su Secretario junto con rechazar las afirmaciones del señor Arrieta, dan a conocer los benéficos resultados de la aplicación de las doctrinas pontificias que los industriales católicos han podido constatar en sus empresas’.

Alberto Hurtado expuso en la Asamblea General de Socios de la USIC realizada en diciembre de 1950, donde confrontó la situación social de su época con el orden social cristiano al que aspiraban, explicando que existía un ‘gran desorden e injusticia, que debe remediarse. El patronato católico tiene que emprender esta labor: acercar el ‘orden’ social actual a la concepción cristiana del orden social. El sacerdote solo puede recordar los principios a la feligresía; son los laicos los llamados a proporcionar las soluciones prácticas; es el técnico, el patrón católico, quien puede efectuar las realizaciones; frente a los industriales, cabe considerar también la reforma de la empresa, en su concepción actual, individualista’.

Rápidamente, la organización tomará el nombre de Unión Social de Industriales Católicos (USIC), y más tarde de Empresarios Católicos (USEC). Luego del fallecimiento de san Alberto Hurtado, pasará a llamarse Unión Social de Empresarios Cristianos (USEC) –nombre que mantiene hasta hoy, agregando los sustantivos de Ejecutivos y Emprendedores–. Pese a los cambios de nombre, USEC ha perseverado en el objetivo fundacional de difundir la DSI en el mundo empresarial , ofreciendo un sentido trascendente a quienes ejercen posiciones de liderazgo en el mundo del trabajo. William Thayer era de la opinión de que USEC, al igual que la ASICH, pertenecía a la Iglesia y que de ella dependía su supervivencia en el tiempo.

Hoy, sin embargo, manteniendo su inspiración cristiana y su objetivo de difundir la DSI, USEC se declara independiente de la jerarquía de la Iglesia. USEC será la primera asociación latinoamericana en ingresar a UNIAPAC (hoy Unión Cristiana Internacional de Dirigentes de Empresas), red internacional de empresarios cristianos que comparte el objetivo de difundir una visión cristiana de la empresa.

2.- El trabajo de USEC hoy

Como la difusión de la DSI debe ser más que una reflexión teórica, USEC ha buscado promover soluciones concretas a los problemas sociales desde el mundo de la empresa y con fidelidad a su naturaleza fundacional de órgano formativo de los dirigentes de empresa. Ha debido, en definitiva, cristianizar la empresa y, desde la empresa, la sociedad. Como corporación sin fines de lucro, está integrada por socios, que pueden ser personas naturales, llamados ‘socios persona’, u organizaciones de todos los tamaños, con o sin fines de lucro, llamados ‘socios empresa’. Naturalmente, la participación de ambos tipos de socios y los efectos de la formación recibida no pueden ser idénticos.

La organización tiene el objetivo de ‘aportar al desarrollo humano de la sociedad motivando a empresarios, ejecutivos y emprendedores para que, guiados por los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, se comprometan a su mejoramiento personal, el de sus organizaciones y el medio empresarial’, al mismo tiempo que se propone ‘iluminar la conciencia empresarial para que sus líderes promuevan una sociedad más humana, justa, libre y solidaria’. Ambas motivaciones van en la línea de combatir la alienación –entendida como pérdida de sentido–, ya que buscan dotar a los dirigentes de empresa cristianos de un sentido trascendente, otorgado por una visión cristiana de la empresa –inspirada en la DSI–, para que ellos contribuyan al bien común –tanto el de sus empresas como el bien común general– a través de la actividad empresarial. Y siguiendo al Padre Hurtado, propender así al ‘mejoramiento de la suerte de los trabajadores’, y aún más, a la ‘redención del proletariado’ y la salvación de sus almas.

La cristianización de la empresa y la sociedad se busca a través de instancias formativas para los distintos estamentos de la empresa, como a las personas de forma particular. Como señalaba San Alberto, ‘la riqueza de nuestra doctrina social reside entera en el principio de la dignidad de la persona humana en el orden natural, y mucho más en su elevación al orden sobrenatural. […] Urge, pues, una intensa formación sobrenatural sólida y una intensa formación social’.

Así, USEC ofrece charlas formativas abiertas; encuentros cerrados para directivos y gerentes generales, gerentes de recursos humanos y ejecutivos en general; talleres de reflexión corporativa para la alta dirección; mentorías para profesionales; encuentros para estudiantes y jóvenes profesionales; y difusión de buenas prácticas empresariales. A través de todas estas instancias, USEC busca propagar una mirada cristiana del trabajo y la empresa, y ofrecer una formación aplicada de esta doctrina. Finalmente, el objetivo de estos programas es ‘iluminar la conciencia empresarial’ para motivar a empresarios y ejecutivos a que vivan una transformación personal que los impulse a orientar su empresa en torno a los principios de la dignidad humana y el bien común, contribuyendo así a combatir la alienación en la empresa, ofreciendo un sentido cristiano a la actividad empresarial.

Siguiendo las enseñanzas del Papa Francisco , que han sido desarrolladas por UNIAPAC , USEC promueve que la actividad empresarial puede ser convertida en una noble vocación a través de la cual los dirigentes empresariales contribuyan con su trabajo al bien común.

Para ello, primero, es necesario sentirse desafiados por un sentido más profundo de la vida, que los transforme personalmente. Segundo, construir una cultura organizacional más humana dentro de la empresa, en torno al principio de subsidiariedad. Por último, orientar la empresa al bien común, distribuyendo con justicia la riqueza entre todos los stakeholders que contribuyen a generarla.

Por supuesto, el ‘sentido’ del que estamos hablando es otorgado por la fe cristiana.

Por eso, en el marco de la Misión Continental, en los años 90 y con posterioridad al Bicentenario, USEC desarrolló la Misión Empresarial, que buscaba que los hombres y mujeres de empresa tuvieran una transformación personal.

Simultáneamente, con motivo de los 60 años de USEC se redactó la oración del empresario y ejecutivo cristiano, que después fue acogida por UNIAPAC. Y, en el contexto de las visitas apostólicas a nuestro país de los Papas Juan Pablo II (1987) y Francisco (2018) , presentó a los hombres y mujeres de empresa unos compromisos personales para aportar a la construcción de una empresa y una sociedad acordes con los principios de la DSI: Un decálogo para Juan Pablo II firmado por unos mil empresarios, y 7 compromisos para Francisco que superaron los dos mil firmantes.

Nuestra experiencia en el equipo de USEC nos ha mostrado que los programas ofrecidos impactan profundamente en los socios, quienes valoran la formación doctrinal aplicada que reciben de USEC, porque los dota de un sentido trascendente para su trabajo en empresas: ‘La experiencia [de la mentoría] fue increíble. […] [M]e ayudó a reimaginar la empresa y la manera en que estábamos resolviendo las cosas. Creo sinceramente que su testimonio [del mentor] marcó profundamente la manera en que me relacionaba en las negociaciones y con la competencia’, señala Gonzalo Rosende, socio persona de USEC.

Al buscar la transformación personal a través del trabajo, el cumplimiento de la misión de USEC por medio del mejoramiento de las personas en las empresas, hace que la medición de su impacto sea eminentemente cualitativa.

Esto exigiría diseñar más herramientas creativas para conocer cómo se traduce el cambio personal del socio en su entorno laboral, como el seguimiento de buenas prácticas de nuestras empresas socias. La influencia de USEC en la mejora estructural de las empresas está fuera de su esfera de acción, porque su enfoque está orientado a que sean las personas las que impacten positivamente en sus organizaciones. La misión fundacional de USEC, amparada en los principios de la DSI y en el espíritu de su impulsor, el Padre Hurtado –quien buscó formar personas para cristianizar estructuras–, nos han impulsado a promover la reforma de los corazones por sobre la de las estructuras, no porque esta no sea necesaria, sino porque solo es posible y fructífera si contribuye a mejorar a las personas con el concurso de su libertad.