02 Sep 2015

“No estamos diseñando un sistema de cero, sería irresponsable hacer eso”

El economista plantea que de la propuesta total, hay cuatro medidas que se deberían priorizar, entre ellas, aumentar la edad de jubilación de la mujer. “Eso es insoslayable”, dice. Y estima que si se adoptaran las 58 medidas del informe, las tasas de reemplazo de Chile alcanzarían los promedios de la OCDE. Silvana Celedón y Pablo Obregón.

El economista plantea que de la propuesta total, hay cuatro medidas que se deberían priorizar, entre ellas, aumentar la edad de jubilación de la mujer. “Eso es insoslayable”, dice. Y estima que si se adoptaran las 58 medidas del informe, las tasas de reemplazo de Chile alcanzarían los promedios de la OCDE. Silvana Celedón y Pablo Obregón.  

El lunes pasado y luego de 16 meses de trabajo, la Comisión Asesora sobre el Sistema de Pensiones entregó su informe a la Presidenta Michelle Bachelet en La Moneda.

En 246 páginas, la instancia liderada por el economista David Bravo, resumió sus 65 sesiones de trabajo, 78 audiencias públicas en Santiago, 30 diálogos regionales, una encuesta, siete estudios y un seminario. Todo, para cumplir con el mandato entregado de delinear ideas y propuestas que mejoren las pensiones en Chile, en un contexto en que por diversos motivos el actual sistema -basado en cuentas de capitalización individuales que administran las AFP-, está entregando pensiones insuficientes para muchos en relación con las expectativas y con el sueldo de los cotizantes.

El resultado de este trabajo ahora está en la cancha del Ejecutivo, quien debe definir qué propuestas adopta y traduce en proyectos de ley y con qué timming lo hará.

La agenda que demandó este encargo presidencial fue intensa e incluso David Bravo tuvo que pedir oficinas en los ministerios de Hacienda y del Trabajo, pues desde el Centro de Innovación de la Universidad Católica -donde Bravo dirige el Centro de Encuestas y Estudios Longitudinales- era “imposible” coordinar todo y participar de las reuniones a las que era convocado por distintas autoridades de Gobierno, advierte el propio economista.

Bravo ya tenía experiencia en instancias asesoras presidenciales. De hecho, participó de las comisiones Marcel y Meller. Sin embargo, considera que la envergadura del trabajo encomendado esta vez fue mayor. “En la comisión Marcel el Ejecutivo proveyó el diagnóstico y lo que hicimos fue explorar caminos. Pero en la práctica no hubo discusión. En esta comisión, en cambio, todo se discutió. El diagnóstico, de hecho, lo elaboramos nosotros y considero que lo consensuamos bastante”, estima.

Bravo explica que todos los temas relevantes se analizaron y definieron en las reuniones ampliadas donde estaban todos los consejeros, nacionales y extranjeros. Y recién en el encuentro de mayo de este año el informe final comenzó a tomar forma.

En esa reunión, recuerda el economista, la comisión detectó que había tres miradas generales claras respecto del sistema de pensiones chileno y las consignaron así en el informe. La A, que representa a quienes se identificaban con mantener el actual esquema de capitalización individual introduciendo perfeccionamientos como, por ejemplo, fortalecer el pilar solidario. La B, de quienes se inclinan por un sistema de semirreparto que integraría al sistema de capitalización individual un pilar de reparto. Y la C, que apuntó a un sistema 100% de reparto. Fue en la reunión de julio, la última de la Comisión -cuando se votaron las propuestas generales y específicas- en que quedó claro el resultado y los apoyos que una y otra visión despertaron: 12 integrantes apoyaron la propuesta general A, 11 la B y solo una comisionada se inclinó la alternativa C.

En total, el staff de la comisión recibió más de 150 propuestas específicas, las cuales fueron sistematizadas y pasaron a ser 80. Y de ese total, 58 obtuvieron un apoyo mayoritario de los comisionados, que son las que figuran en el informe final.

-Antes de la votación, había 80 propuestas, ¿qué pasó con las ideas que no tuvieron el apoyo mayoritario? ¿De alguna forma fueron recogidas en el informe final?

“No, pero tenemos toda la información, por ende podríamos hacer un acta con esas propuestas”.

“La discusión en Chile ha sido muy ‘AFPcéntrica'”

-En el plano de las propuestas globales la que tuvo más apoyo fue la A, que apoya mantener el actual sistema de capitalización individual. ¿Qué lectura hace usted de eso?

“Debo ser muy delicado en esa materia. Nosotros hicimos una profunda discusión de las tres miradas durante meses, pero no habíamos hecho ninguna cuenta. El pronunciamiento vino en la reunión de julio. Y una vez que tuvimos los resultados, los que fueron bastante ajustados, decidimos tomar eso como un dato y seguir adelante con las recomendaciones específicas”.

-¿Pero qué refleja que el resultado haya sido tan ajustado entre las opciones A y B?

“Tengo una interpretación clara: todos los integrantes de la comisión buscábamos un mejor sistema de pensiones ahora y a futuro y que el sistema fuese sostenible en el tiempo. Ahí no había dudas, por lo menos en las propuestas A y B. ¿En qué se diferencian entonces? En los mecanismos de financiamiento. A mí no me parece que sea apropiado pensar que hay una propuesta más conservadora y otra más radical o que una es más de lo mismo y otra revolucionaria. Ésa es una forma equivocada de mirar las cosas”.

“En la propuesta A tomamos la estructura del sistema actual, basado en el ahorro individual más el pilar solidario. Yo comparto las críticas que se le hicieron al sistema de capitalización individual en sus inicios. El sistema de 1981 no era per se un sistema de pensiones, porque el foco no solo puede estar en el ahorro individual, ya que hay un componente básico de solidaridad y alivio de la pobreza en la vejez, que no estaba contemplado. Eso cambió notablemente en 2008. Ese año se hizo una reforma sustantiva no solo en los recursos considerados, sino que también desde el punto de vista conceptual. Entonces hablar del sistema de AFP es un error. La discusión en Chile ha sido muy ‘AFPcéntrica’, siendo que una parte muy importante de las pensiones hoy viene del pilar solidario”.

“Nosotros no estamos diseñando un sistema de cero, sería irresponsable hacer eso. Entre quienes apoyamos la propuesta A hubo personas que desde el inicio consideraban que el sistema de AFP era una buena idea, pero también hubo comisionados que considerando el sistema que existe en Chile estimaron que se pueden tomar medidas para perfeccionarlo sin partir de cero. La propuesta B, en cambio, implica una reforma estructural y se basa en que un 50% de los ahorros previsionales iría al sistema de cuentas individuales y la otra mitad a un fondo de reparto. Eso tiene consecuencias dañinas en el ahorro y ahí lo hicimos ver quien apoyamos la opción A”.

Las cuatro medidas que se le propuso “priorizar” a la Presidenta Bachelet

-¿En qué medidas usted priorizaría para que la gente comience a ver pronto una mejora en sus pensiones?

“Muchas veces en la agenda corta lo que prima es la disponibilidad de recursos y hay propuestas que no requieren grandes recursos. Vámonos por lo sustantivo: cuando uno toma a las personas que estuvieron 100% de su vida laboral cotizando, la tasa de reemplazo promedio en la OCDE es de 66% para hombres y 65% para mujeres. Según la OCDE, la brecha con Chile es de 18 puntos porcentuales para hombres y de 28 puntos porcentuales para las mujeres. ¿Qué pasaría si las 58 medidas se implementaran? Los hombres chilenos aumentarían su tasa de reemplazo en 13,5 puntos porcentuales y las mujeres en 29 puntos. Entonces, cuando alguien dice que con la propuesta A vamos a hacer solo cambios cosméticos, más de lo mismo, yo pregunto: ¿más de lo mismo es llevar las tasas de reemplazo al promedio de la OCDE? ¿Subir 18 puntos porcentuales las tasas de reemplazo es más de lo mismo?”.

-¿Pero en cuáles hay que priorizar, en concreto?

“En la presentación que le hicimos a la Presidenta Bachelet le planteamos las medidas más potentes desde el punto de vista de la efectividad. Primero, el aumento de cinco años en la edad de jubilación de las mujeres, ésa es una medida insoslayable. Dos, aumentar la cobertura del pilar solidario a 80% (hoy el Estado aporta al 60% de los pensionados); tres, elevar las tasas de cotización, y cuatro, diseñar cuentas compartidas (aquellas en que el hombre aporta un porcentaje de su cotización a su cónyuge para ayudar a reducir la brecha de pensiones entre hombre y mujer)”.

“Ahora bien, una mirada más de conjunto, permite concluir que con las 58 medidas, el sistema que vamos a tener será muy distinto al que tenemos hoy: un sistema donde los ahorros van a ser administrados por una AFP privada, estatal o alguna otra AFP sin fines de lucro que surja. Tendremos bajas de comisiones y organizaciones públicas encargadas de manera activa en el tema de la afiliación de los trabajadores. Lo que ocurrió en la reforma de los años ochenta fue un abandono de parte del Estado, por razones ideológicas. La afiliación, por ejemplo, no es un tema simple, no es dejar esto a los vendedores de AFP para que vayan a buscar personas y los afilien. Este es un tema más sustantivo: cómo atraigo al sistema a más personas, a personas de bajos ingresos y trabajadores informales e independientes. Necesitamos instalar una entidad pública que se encargue de este tema”.

-Usted habla de la importancia que los independientes coticen. Entonces, ¿qué le parece que el Gobierno haya vuelto a postergar la cotización obligatoria de los independientes?

“Es fundamental mantener la obligatoriedad de cotizar y estamos de acuerdo en que se establezca una nueva gradualidad. El diagnóstico es que lamentablemente la gradualidad que se estableció en 2008 no fue efectiva y se pudo haber hecho mejor. En la práctica, no se acompañó con políticas de educación previsional más activas para ayudar a las personas a adecuarse al big bang , que es el momento donde Impuestos Internos ya no pregunta por la retención, sino que simplemente descuenta”.

“Tal vez hubiera sido mejor obligatoriamente establecer un descuento gradual, pero eso se abordó mal y se optó por una lógica de que acá a las personas se les iba a hacer el descuento, a menos que dijeran lo contrario. Para que esto se implemente bien, debe existir un periodo básico de educación e ir adecuando a las instituciones. Nosotros proponemos que, preservando el principio de obligatoriedad, haya un calendario de gradualidad ajustado, pero no nos atrevimos a decirle al Ejecutivo ‘tome este calendario específico y aplíquelo’. Hay muchas formas de diseñar esto”.

Por qué priorizar la renta vitalicia

El informe propone eliminar la modalidad de pensión de retiro programado. Según el documento este esquema se traduce en pensiones decrecientes en el tiempo y traspasa el riesgo de longevidad al pensionado. ¿Por qué con la renta vitalicia no ocurriría esto?

“En términos simples, el retiro programado puro traspasa al pensionado el riesgo de longevidad y el de inversión de los fondos, a cambio que siga siendo propietario de los mismos. En cambio, la renta vitalicia cambia la propiedad de los fondos a la compañía de seguros, a cambio de que sea esta entidad la que asuma el riesgo de longevidad y de inversión y le entregue al pensionado una pensión con un monto constante en UF”.

-Ustedes proponen elevar la cotización de 10% a 14%. ¿Cómo se impide que eso tenga efectos sobre el mercado laboral, ya sea afectando los salarios, el empleo, incentivando la informalidad?

“Nosotros estamos conscientes de que una cosa es quien aparece nominalmente pagando esa cotización, que es el empleador, pero que hay otros factores. Por eso una propuesta del informe es que en este cambio debe existir la gradualidad, porque un alza de las cotizaciones de un momento para otro podría generar efectos negativos”.

-¿Cómo se debería implementar esa gradualidad a su juicio?

“Si yo estuviera en el Ejecutivo y tuviera que aplicar esta propuesta, revisaría la situación del mercado laboral primero. Si decidiéramos aplicar el alza en cuatro años más, se podría anunciar ahora para que los distintos actores vayan preparando sus contratos para lo que viene”.

-En muchos sistemas de reparto las tasas de cotización son mayores, ¿por ende los impactos en el empleo son más profundos?

“Claro y por eso es fundamental que la discusión sea muy transparente en el financiamiento. Yo no puedo hablar de un sistema de reparto tipo C y solo enfatizar los beneficios”.

La propuesta B se basa en que un 50% de los ahorros previsionales iría al sistema de cuentas individuales y la otra mitad a un fondo de reparto. Eso tiene consecuencias dañinas en el ahorro”.”Con las 58 medidas, el sistema que vamos a tener será muy distinto al que tenemos hoy”.”Es fundamental que la discusión sea muy transparente en el financiamiento. Yo no puedo hablar de un sistema de reparto tipo C y solo enfatizar los beneficios”. 

Publicación: El Mercurio, domingo 20 de septiembre de 2015.
Foto: latercera.com