29 Jul 2015

Montevideo: Encuentro Mundial de Escuelas de Negocios Jesuitas aborda el liderazgo y la innovación para la sostenibilidad global

El 21° Foro Anual de las Escuelas de Negocios Jesuitas de todo el mundo, congregó a connotados especialistas del área de la educación y la economía, entre los cuales participó Rolando Medeiros (Vicepresidente de Uniapac LA y ex presidente USEC), quien expuso en el panel sobre ¿Qué le pide el mundo a las escuelas de negocios jesuitas?

Inició su exposición con un análisis de la economía y el progreso del siglo XXI, con el acento del papa Francisco en su encíclica Laudato SI que al respecto señala:”El actual sistema mundial es insostenible porque hemos dejado de pensar en los fines de la acción humana” y agrega que “los progresos científicos más extraordinarios, las proezas técnicas más sorprendentes, el crecimiento económico más prodigioso, si no van acompañados por un auténtico progreso social y moral, se vuelven en definitiva contra el hombre”.

Para hacer frente a este contexto, Medeiros considera que es preciso abordar aspectos como la humanización de la empresa. El gran desafío de las compañías es “transformarse en un actor relevante y activo del desarrollo humano integral, de todo el hombre y todos los hombres”, citando al Papa Pablo VI. Lo anterior significa que hay que desempeñar un rol formador, comprendiendo a la empresa como una comunidad de personas que interactúan con sus públicos de interés, no así como instrumentos para el logro de fines de las organizaciones.

En este contexto, las Escuelas de Negocios Jesuitas, deben promover una formación en gestión humanista que requiere de una nueva ética: una que dé cabida a una práctica empresarial que no subordine sus principios a la consecución de utilidades de corto plazo, en la que tanto las presiones competitivas como las urgencias, no atenten en contra de la dignidad de las personas, el desarrollo humano integral, o la preservación de los ecosistema”, manifestó el ex presidente de USEC.

Junto con la humanización de la empresa, Medeiros se refirió al liderazgo de servicio citando las palabras del Papa Benedicto XVI que señala: “el desarrollo no solo debe incluir el crecimiento material sino espiritual, puesto que la persona humana es una unidad de cuerpo y alma. En otras palabras, el desarrollo para que sea auténtico debe ser integral”. Enfatizó que el servicio de los líderes debe estar puesto hacia el bien común, pero considera que más allá de factores internos y externos, el principal obstáculo está en llevar una vida dividida, tal como lo manifiesta el documento de la Vocación del Líder Empresarial, publicado por el Consejo Pontificio de Justicia y Paz. 

“No se pueden separar las exigencias de fe de las del trabajo que uno desarrolla en la empresa, ya que es un error fundamental que contribuye, en gran medida, al daño que algunas empresas han causado al mundo de hoy, como son el exceso de trabajo en detrimento de la familia o la vida espiritual, el apego enfermizo al poder a costa del propio bien y el abuso del poder económico para obtener mayores beneficios”, señala.

Sin embargo, ¿Qué se requiere  para que un líder empresarial cristiano asuma sus deberes y responsabilidades como una vocación iluminada por su fe?, en primer lugar, debe reconocerse que tanto sus talentos y habilidades empresariales, como su posición en la compañía o en su propiedad, son regalos de Dios. Y, reconociéndolos así, devolverlos a la sociedad actuando como un líder al servicio de los demás y generando capital espiritual en la empresa donde se desempeña. 

En cuanto al aporte de las Escuelas de Negocios Jesuitas, Medeiros señala que el acento debe estar puesto en la formación de hombres y mujeres de empresa con liderazgo de servicio, tal como señaló San Ignacio de Loyola en su “en todo amar y servir”. 

1. “Buscar y hallar la voluntad de Dios sobre mi vida; no lo más perfecto objetivamente, sino lo que Dios quiere de mí”. Esto se traduce para un hombre de empresa en asumir el quehacer empresarial como una vocación.

2. “Ensanchar el corazón hacia las dimensiones del universo, pero aterrizando en lo concreto para no perderme en vaguedades o en ideales irrealizables”. Esto es base de un liderazgo de servicio.

3. “Conocer mi realidad lo mejor posible, examinándome periódicamente, tanto en lo positivo para darle las gracias a Dios, como en lo negativo para superarlo con su ayuda”. Se traduce en gratitud y humildad del líder carismático.

4. “Discernir, a la luz de la oración y de la razón iluminada por la fe, cómo puedo mejorar mi realidad para hacerla más acorde con el Evangelio de Jesucristo”.

5. “Encontrar a Dios en todo lo creado, siendo contemplativo en la acción, unido a Él en todo lo que hago”. Se traduce en un liderazgo empresarial cristiano, que recupera “los distintos niveles ecológicos: el interno con uno mismo, el solidario con los demás, el natural con todos los seres vivos y el espiritual con Dios”.

Concluyó su exposición señalando que “Hay que dinfundir a la comunidad educativa y a los alumnos de las escuelas de negocio jesuitas esta espiritualidad ignaciana, es crear el ambiente que permita a cada uno aumentar las propias competencias y capacidades para ponerlas al servicio de los demás, y de esa manera, hallar realización, procurar trascender y encontrar felicidad en el propio desprendimiento voluntario y en el compartir solidario. Es imbuir el magis ignaciano, esa búsqueda del «más»: de dar lo máximo, de ser el mejor, y de llegar a más gente,pero todo esto, configurado por el mayor amor: ¡A la mayor gloria de Dios!”, julio 2015.