Hermann Von Mühlenbrock – Tiempos de cólera
“El respeto del principio de inocencia; el reconocimiento de la independencia y transparencia de nuestras instituciones; la valoración de quien reconoce su falta y quiere remediarla, y la confianza en que la mayoría de los chilenos tenemos una entrega honesta…
Durante 2015, y en lo que va de este 2016, el malestar y el enojo han sido sentimientos palpables y visibles desde muchos puntos de vista: los que se sienten abusados, los que se sienten injustamente acusados, los que sienten que no hay justicia, los que sienten que los condenan a priori, los que sienten que la autoridad no actúa, los que sienten que actúa con sesgo, los que sienten que tienen derecho a atacar públicamente y los que sienten que les han destruido su honra, entre otros.
La ira no engendra buenos frutos. El sabor agrio afecta la mirada ecuánime y cautelosa, afecta el respeto por el otro y afecta el tratar de entender su actuar desde una mirada de buena fe. Y ahí todos tenemos una inmensa responsabilidad como país: necesitamos generar urgentemente un cambio en nuestra forma de relacionarnos en todos los ámbitos.
Las autoridades políticas, las de gobierno, el Poder Judicial, las iglesias, los líderes de opinión, los empresarios, los dirigentes de gremios, los dirigentes sindicales, la prensa, los tuiteros, somos todos responsables de generar rabia y tiempos de cólera, pero también debemos ser los responsables de generar los tiempos de paz.
Y esta se logra desde miles de distintas acciones, que parten desde la propia y correcta forma de actuar, hasta la forma en que nos expresamos.
Para el empresariado -y, por lo tanto, para la Sofofa- no han sido tiempos de paz. Entre muchas otras cosas, algunas de nuestras empresas socias han debido enfrentar acusaciones de colusión y la consecuente sensación de abuso que estas generan.
Fuimos testigos de cómo una empresa chilena, confiando en el sistema jurídico, se autodenunció cuando descubrió en su interior malas prácticas, asumiendo las consecuencias que le generaría. Corresponde condenar con dureza los actos que atentan contra el libre mercado y la transparencia, pero también debemos ser capaces de reconocer el mérito de quien, al identificar los hechos, hace todos los esfuerzos por dar término a estos y remediar el daño causado.
Asimismo, en el reciente caso del requerimiento de la FNE contra tres cadenas de supermercados, ellas han negado los hechos asegurando que recurrirán a “todas las instancias que la institucionalidad les ofrece” para hacer valer su postura y demostrar su inocencia.
La presunción de inocencia es clave. Tenemos que detener nuestros pre-juicios, rabias, y acusaciones destempladas. Debemos partir desde la base de la presunción de inocencia, confiando en nuestras instituciones y en las determinaciones que tome la justicia.
Por esa razón, no corresponde que autoridades condenen con tanta dureza a los supermercados antes de ser juzgados por los tribunales. Valoramos a aquellos que esperan con prudencia los fallos de la justicia.
No se debe destruir la honra y la credibilidad de muchos antes de que la justicia haga su trabajo. En ese aspecto, el 2015 fue lamentable. La serie de acusaciones contra parlamentarios, empresarios, sacerdotes, políticos o sus familiares fue interminable y, muchas veces, muy sacada de contexto.
Una vez generado un daño reputacional es muy difícil repararlo, aunque la justicia luego determine la inocencia del acusado.
Por esa misma razón, ha sido muy positivo que el nuevo presidente de la Corte Suprema, Hugo Dolmestch, priorice la autonomía judicial para así garantizar un juicio justo a todas las partes.
También, los recientes fallos del Tribunal Constitucional -que validó el derecho de reserva de los antecedentes que maneja la FNE- y de la Corte de Apelaciones -que rechazó asignar un ministro en visita para el caso Tissue- revelan que en Chile las instituciones funcionan, quedando en evidencia la independencia y seriedad de nuestros tribunales de justicia. Más allá de las emociones que condicionan las opiniones de la ciudadanía, la justicia falla acorde al mérito de los casos y de nuestras leyes.
Como Sofofa, hacemos un llamado al país a que dejemos a un lado el rencor que nubla nuestra mirada y avancemos hacia un reconocimiento de las grandes virtudes que tenemos.
El respeto del principio de inocencia; el reconocimiento de la independencia y transparencia de nuestras instituciones; la valoración de quien reconoce su falta y quiere remediarla, y la confianza en que la mayoría de los chilenos tenemos una entrega honesta y abnegada por el bien común, entre muchos otros elementos, son una realidad que debemos ser capaces de reconocer y apreciar.
Chile, aun teniendo muchas deficiencias y desafíos que enfrentar, es nuestro país. Y es un gran país.
Hermann Von Mühlenbrock, Presidente de la Sociedad de Fomento Fabril.
Publicación: El Mercurio, miércoles 20 de enero de 2016.
