Semana Santa: tiempo de gracia – P. Hugo Tagle
Y volver a empezar. Semana Santa es llenar de sentido la vida, el alma, acercarse un poco más a Dios, a los demás y poder seguir mirando con esperanza nuestro propio destino y futuro. No estamos solos. El Señor nos acompaña e invita a acompañarlo a Él durante esta semana en su camino hacia su pasión, muerte, pero sobre todo, Resurrección.
Éste es un “tiempo de gracia, que el Señor nos da para abrir las puertas de nuestros corazones”, dice el Papa Francisco. En efecto, la Semana Santa, o Semana Mayor, es la celebración de lo central de la fe cristiana: la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. “Si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también nuestra fe” (1Cor 15,14) nos dice san Pablo. En Él encontramos la verdadera esperanza, la que no defrauda. En Cristo, todo lo podemos.
“Abrir y salir es lo que se nos pide en la Semana Santa, abrir el corazón y salir al encuentro de Jesús y de los demás y también para llevar la luz y la alegría de nuestra fe”, dice el Papa. Para ganar esta actitud es clave una mayor oración y las liturgias de estos días nos ayudan a ello. En efecto, se trata de “¡Salir siempre!” ya que es tiempo de llevar a Cristo a otros. Y hacerlo con amor y con la ternura de Dios, con respeto y paciencia, sabiendo que nosotros ponemos nuestras manos, nuestros pies, nuestro corazón, pero que es Dios el que nos guía y nos marca el camino.
Del Domingo de Ramos a la Pascua de Resurrección. Algunos consejos
Comenzamos ya la semana santa con la pasada fiesta de Ramos. Una fecha especialmente querida por millones de creyentes en todo el mundo, donde se conmemora la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén hace más de dos mil años. En aquel momento, los habitantes de la ciudad lo recibieron con alabanzas y hojas de palma. Esto se repite año a año, donde se nos invita a alabar al Señor y reconocerlo como parte central de nuestra vida, Rey y Mesías. El signo de los ramos de olivo y palmas manifiesta nuestro cariño y devoción, un recuerdo del amor de Dios por todos nosotros.
El Domingo de Ramos, más que una conmemoración histórica, es un recordatorio de la esperanza y la fe para millones de creyentes en todo el mundo, marcando el inicio de esta semana tan especial.
Jueves Santo: institución de la Eucaristía y sacerdocio
La primera fiesta mayor tras Ramos es el jueves santo, en que recordamos la institución de la Eucaristía y el sacerdocio. Cristo sigue entre nosotros en la forma del pan y vino consagrados. Él se nos sigue regalando en cada celebración de la santa misa y en todos los tabernáculos del mundo, donde está presente. Si puede participar de esta santa misa, sería bueno hacerlo. Renovamos el amor a la Eucaristía y pedimos por vocaciones sacerdotales y religiosas.
Viernes Santo: viernes de amor y entrega
El vía crucis marca esta fecha, en que acompañamos al Señor en sus catorce últimas estaciones antes de su crucifixión. Junto a ella, está la Liturgia de la cruz, en que se escucha la pasión de San Juan y se venera la cruz. Aconsejo participar de ellas, al menos de la liturgia de la cruz, en que los fieles se acercan a besar el madero de la cruz. Son momentos de gran recogimiento y reflexión, donde experimentamos un Jesús tan cercano y humano; uno que se entregó “hasta la muerte” por nosotros.
La cruz, los dolores, aflicciones, la misma muerte, son parte de nuestra vida. Un gran misterio ¿Por qué sufrimos? ¿Por qué morimos? El viernes santo es un aterrizaje realista en la realidad del ser humano, nuestra fragilidad, finitud y dependencia de otros u Otro. A través del dolor, nos hacemos solidarios unos con otros, comprendemos el dolor ajeno y adquirimos un “corazón de carne” más semejante al de Jesús. El viernes santo es una buena oportunidad para aceptar los dolores que no podemos eliminar y hacerlos camino de maduración y gracia
Camino a la Pascua: fiesta de la alegría y esperanza
Nos dice el Papa Francisco: “Hoy proclamamos que Él, el Señor de nuestra vida, es «la resurrección y la vida» del mundo (cf. Jn 11,25). Es Pascua, que significa “paso”, porque en Jesús se realizó el paso decisivo de la humanidad: de la muerte a la vida, del pecado a la gracia, del miedo a la confianza, de la desolación a la comunión”.
No hay motivo para temer. En Cristo, las tinieblas de las dudas, temores, se disipan, desaparecen.
Por eso, en Él, Señor del tiempo y de la historia, podemos decir con alegría en el corazón: ¡feliz Pascua!
Le tenemos mayor cariño a la Navidad y se comprende. El nacimiento de un niño siempre sobrecoge y resulta especialmente enternecedor. Pero nacer, nacemos todos; resucitar, solo uno, Jesús. De ahí que sea la fiesta de la fe más importante del año.
Ojalá pueda participar de la Vigilia Pascual el sábado en la noche. De no ser así, al menos en alguna de las misas pascuales el domingo. Celebramos en comunidad, nos alegramos juntos ante este misterio infinito. Y lo llevamos a los demás. A partir de la Pascua, se debe dar un cambio en nosotros ¡Prediquemos con nuestra vida que Cristo ha resucitado! Para ello, cultivemos el buen trato, la esperanza, las palabras positivas y constructivas. El acentuar lo bueno sobre lo malo, lo positivo sobre lo negativo.
La Santísima Virgen estuvo siempre al lado de Jesús. Se entristeció con su muerte, pero no dudó de que cumpliría lo que prometió. Volvería a estar con ellos. Es la Virgen de los Dolores, pero también de la Esperanza. Pidamos su intercesión en este nuevo tiempo que se inicia.
¡Feliz Pascua de Resurrección!
