Noble vocación empresarial – Enrique Cruz
Probablemente en las últimas semanas le llegaron los audios que se filtraron en el marco del caso de presuntos sobornos, conocido como “Caso Audios”. Imagino que nadie en este país avala el contenido de dichos audios. La situación es condenable por donde se le mire, y pone en jaque la ética de las instituciones públicas y privadas y de algunas personas que ostentan posiciones de poder. Si la confianza estaba debilitada, esto la deja por el suelo.
Este tipo de hechos son repudiables en sí mismos y debemos ser categóricos al condenarlos. No hay espacio para matices. No sólo dan cuenta de hechos ilegales, sino que cruzan la raya entre lo moral y lo inmoral. Asimismo, entre sus múltiples efectos negativos, nos exponen al aprovechamiento populista de decir “todos roban”. Aunque son hechos puntuales, lamentablemente se genera un escenario complejo para cualquier país, al exponernos al aprovechamiento político de algunos que rápidamente tratan de llevar agua a su propio molino.
La realidad es muy distinta. Sabemos que muchos empresarios buscan en sus decisiones ofrecer un buen producto, dar buen trabajo y crear y distribuir buena riqueza. De los hechos queda claro que, además de faltar a la ley y la ética, no se trata de un buen producto o servicio, ni de buen trabajo, ni de buena riqueza.
Para reparar la confianza, el cumplimiento de la ley es una obligación, pero no es suficiente. Tenemos que ir más allá. La empresa no puede ser ajena a los retos que enfrentamos como sociedad, tiene un rol público activo que cumplir en la solución de los problemas a los que nos vemos enfrentados como país.
Entendida como comunidad de personas, la empresa no sólo ofrece bienes y servicios, genera trabajo, crea y distribuye riqueza, sino que es vital para la construcción de un tejido social sano, y el desarrollo material, espiritual y cultural de las personas y sus familias. Los empresarios estamos para transformar personas a través del cuidado de los valores, respetando la ética y una búsqueda incansable del bien común, el bien de todas y cada una de las partes que conforman la sociedad.
Cuidar un actuar ético es primordial para la sana convivencia, la promoción de la inversión, la creación de nuevos y mejores puestos de trabajo, el reencuentro de las personas y la reconstrucción de nuestro tejido social. Estamos seguros de que vivir la actividad empresarial como una noble vocación es el camino a seguir.
La empresa que propiciamos va más allá de la sola búsqueda de utilidades y comprende su responsabilidad pública, es un actor relevante y necesario para la construcción de un tejido social sano y cohesionado que apunte a una sociedad más justa, próspera, solidaria y humana, debe tener un papel activo en el alcance ético de la sociedad.
Columna publicada el domingo 26 de noviembre de 2023 en El Líbero.
