Natalidad: el punto ciego de la empresa – Karin Moore
Columna de la consejera de USEC Karin Moore publicada en La Segunda el viernes 24 de julio de 2026.
Karin Moore J. Consejera USEC y directora de empresas

En 2025 la fecundidad chilena cayó a 0,97 hijos por mujer, la más baja de nuestra historia: por primera vez, menos de un hijo por mujer. Solemos leerlo como un drama privado o una deuda pendiente del Estado. Pero es también, de manera decisiva, un asunto de las empresas: sin nacimientos hoy no habrá fuerza laboral ni cotizantes mañana.
El debate suele asumir que la palanca es el dinero público: bonos y subsidios. La evidencia comparada obliga a la modestia. Corea del Sur gastó sumas colosales y ostenta la fecundidad más baja del mundo; hasta los generosos Estados de bienestar europeos, con permisos y salas cuna, cayeron a mínimos históricos. Nadie tiene una fórmula mágica. Pero entre las barreras sobre las que sí podemos actuar, una que no depende del fisco: la compatibilidad entre la vida laboral y la familiar. Terreno, sobre todo, de la empresa.
Una organización da su mejor versión cuando crece haciendo crecer. No es idealismo, es rentable: cuidar a todos los grupos de interés, y no a uno a costa del resto, se asocia a mejores resultados de largo plazo. No se trata de multiplicar beneficios ni de conceder flexibilidad ilimitada, sino de algo más exigente y más simple: reconocer que quien trabaja es también, muchas veces, padre o madre, y que ese proyecto solo se realiza si la empresa está dispuesta a hacerlo posible.
Muchas personas tienen menos hijos de los que declaran desear, y las condiciones laborales explican buena parte de esa brecha. En un país con 9,4% de desempleo y con alta informalidad, a la precariedad se suma una cultura de carreras donde ausentarse para cuidar se paga caro. Difícilmente formará familia quien siente que hacerlo pone en riesgo su lugar en la empresa.
La pregunta, entonces, es qué hará cada empresa. Y la respuesta pasa por decisiones concretas. Jornadas predecibles, que permitan planificar el cuidado. Corresponsabilidad de verdad, y no solo a las madres. Trayectorias que no castiguen a quien tomó un permiso o adaptó su horario. Jefaturas que entiendan que una persona con una vida plena rinde más, y por más tiempo, que una exhausta.
Recuperar el tejido social de Chile empieza, muchas veces, en la decisión de quien hace empresa de mirar a los suyos como personas cuyas familias son también asunto propio. Ahí, y no en una norma, empieza a repoblarse un país.
