La gloria de Dios y de los hombres – P. Osvaldo Fernández de Castro
Santiago y Juan, en el evangelio de este domingo, quieren ser gloriosos, los primeros, los más importantes…. Piensan que la gloria consiste en destacar por encima de los demás en dinero, poder o prestigios, de manera que se inclinen ante ellos. Incluso piensan que la gloria de Dios es al estilo de la del mundo: el rey sentado majestuoso en su trono, los importantes se sientan cerca de él y el resto lo sirven y reverencian.
Pero en la biblia, la gloria es la manifestación de la belleza de una persona y también de Dios. Muchas veces se piensa que Dios es grandioso cuando derrota a los enemigos, cuando sus devotos se inclinan ante él para ofrecerle sacrificios, cuando infunde miedo a los que trasgreden sus órdenes… ¡Pero esta no es la belleza de Dios! Es una imagen falsa de Dios. Será en Cristo, y más concretamente en la cruz, donde se manifieste el esplendor de la belleza de Dios: cuando da su vida por amor.
La gloria verdadera que propone Jesús es lo opuesto a la del mundo: es la gloria no de los que quieren ser grandes, sino de los que se hacen pequeños para servir a sus hermanos. Tomar parte en la gloria de Jesús significa para el discípulo participar plenamente en la elección de vida de Cristo: el don de la vida por amor. Esta es la máxima belleza de una persona…

