La fuerza del Espíritu para transformar el mundo – P. Osvaldo Fernández de Castro
Como escuchamos en el evangelio de este domingo, el primer fruto de la resurrección de Cristo es que derrama sobre nosotros su Espíritu. En la pascua hemos visto cómo el Señor nos invitaba a vivir la vida en plenitud como hombres y mujeres nuevos. Para esto nos ha trazado el camino dejándonos su ejemplo: amar hasta el extremo de dar la vida. Y hoy, en Pentecostés, descubrimos que nos ha enviado la fuerza necesaria para poder hacerlo: su mismo Espíritu.
Cincuenta días después de huir de Egipto, el señor entregó a Moisés, en el Sinaí, las tablas con la ley. Lucas nos presenta que cincuenta días después de resucitar, el Señor nos entrega a nosotros una nueva ley: la ley de su Espíritu y de la caridad. Y sucede algo extraordinario: todos entienden este nuevo idioma del amor. El Señor nos ha encomendado la tarea de transformar el mundo, y nos ha dejado su Espíritu para poder cumplirla. En nosotros está el decidir con qué fuerzas y criterios queremos enfrentar esta misión: con la ley de la competencia y el exitismo, o con la ley de la caridad, el servicio y la entrega.

