15 Jun 2023

La cosecha es abundante y los operarios pocos – P. Osvaldo Fernández de Castro

En el evangelio de este domingo vemos que Jesús no queda indiferente ante el sufrimiento y el dolor, sino que se involucra curando y liberando. Dios siente una profunda pasión por lo que nos sucede. Se conmueve, y por eso envía a su Hijo al mundo, para que, liberándonos de aquello que nos oprime, nos dé una vida verdadera. 

Jesús quiere involucrarnos en su obra de salvación. Pensamos que a la gente de hoy no le interesa Dios, que es algo pasado, obsoleto, o por último algo privado. Pero la mies está madura, la humanidad está lista para aceptar el evangelio. Y es a esta humanidad, con sus limitaciones, contradicciones y desafíos, a la que Jesús nos invita a dirigirnos. 

¿Por qué dice que debemos pedir al dueño del campo que envíe operarios? Él debiese ser el primer interesado en el problema. Lo que pasa es que orar no se trata de pedir a Dios para que haga lo que le pedimos, sino que la oración nos pone en sintonía con sus pensamientos. La oración verdadera nos lleva a hacer nuestra su pasión de amor por la humanidad. La profundidad del silencio en la oración nos hace experimentar la belleza del plan que Dios tiene sobre la humanidad, y el Espíritu nos da la fuerza para realizar la obra que Jesús nos encomienda. Los operarios son pocos porque rezamos poco, y no nos dejamos inundar por el pensamiento y el amor de Cristo. La oración nos hace entrar en sintonía con Dios y nos lleva a involucrarnos en la transformación de la humanidad. 

Por esta pasión de amor, y por la necesidad de Dios del mundo, Jesús envía a los discípulos a expulsar los espíritus inmundos y curar a los enfermos. Nuestro mundo está lleno del demonio del rencor, la envidia, el poder abusivo, la avaricia. Nuestro mundo está enfermo de injusticia, rivalidades, violencia y corrupción. Sobre estos males Jesús nos da el poder y la autoridad para vencerlos. Este poder es la fuerza del Evangelio, frente al cual el mal no puede resistir. La cosecha es abundante, y el Señor cuenta con nosotros para llevarla a cabo. Es la obra de salvación que hizo Jesús y que nosotros estamos invitados a continuar.