Jesús nos mira y nos llama – P. Hugo Tagle
Reflexión correspondiente al Evangelio del domingo 14 de enero de 2024 (Evangelio según san Juan 1, 35-42).
Comenzamos un nuevo año litúrgico. El pasaje del evangelio de san Juan narra el inicio de la vida pública de Jesús y la elección de los primeros apóstoles, Andrés y Simón Pedro.
Dos preguntas marcan el relato de hoy: “¿Qué buscan?” y la respuesta de los discípulos: “¿Dónde vives?” (Jn 1,38).
La pregunta de Jesús es: ¿Qué es lo que quieres? ¿Cuál es tu anhelo más profundo? ¿Qué persigues? Jesús siempre remite a uno mismo, cree en el ser humano, lo ama. A su vez, la respuesta de los discípulos apunta al Jesús concreto, no a sus ideas o consignas: “¿dónde vives?”. No es lo que piensa lo fundamental sino lo que hace, la manera de vivir, el “proyecto de vida”.
A partir de ese breve diálogo, se da el seguimiento, que brota de la búsqueda y anhelo por conocer al Señor. “Vengan y verán” (Jn 1,39). Es una invitación a comprobar, a ser testigos.
Jesús acompaña, enseña, no impone y da la oportunidad porque sabe y quiere que cada uno sea protagonista y dueño de su vida. Eso es el amor: dar confianza, espacio para ser y crecer.
Jesús nos mira y nos llama. Los discípulos respondieron con un sí a la invitación del Maestro: “fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día…” (Jn 1, 39). Cada uno está invitado a seguir a Jesús en su vida concreta.
Las opciones son múltiples, diferentes; ninguna es mejor que la otra. Toda opción precisa de un compromiso y fidelidad; elegida libremente ha de ser expresada con responsabilidad. La cuestión no está en la diferencia, no está en cuál es más importante, la mejor; la cuestión está en la coherencia de vida que pone y da autoridad a esa vida elegida. Se nos invita a vivir santamente la realidad cotidiana: el trabajo, estudio, oficina, familia.
El seguimiento no se concreta en las acciones sino en lo que nos mueve, motiva, nos lleva a esas acciones. Es el alma, sello que le imprimimos a nuestra realidad cotidiana, la manera de mirar, de entender al otro, de valorar, de apreciar, de amar.
Quien dice seguir a Jesús, cambia su vida. Actúa y trata de forma distinta; valora y ve en el otro la presencia de Dios. Caminar tras las huellas de Jesús, vivir como él vivió no es repetir lo que hizo sino el cómo lo hizo. Preguntémonos ¿Cuál es el motor de mi vida? ¿Tengo presente a Dios en todo lo que realizo?
Que María Santísima nos ayude a decir Sí a Jesús y responder con alegría y generosidad a su llamado.
