Involucrarnos en la transformación cristiana de nuestra sociedad – P. Osvaldo Fernández de Castro
Este domingo, para la celebración de la fiesta de la Virgen del Carmen, la liturgia nos regala el evangelio de las Bodas de Caná. Es un texto que refleja principalmente la relación esponsal con Dios que Cristo viene a restaurar. El pueblo de Israel había volcado su espiritualidad hacia una relación transaccional con Dios, reflejada en los ritos de purificación y los sacrificios rituales. Lo que sucedió es que se fue convirtiendo en un rito vacío, cosa que queda de manifiesto en las tinajas de purificación vacías. El cambio que propone Cristo es total: se trata de una fiesta alegre, donde Dios es el esposo y nosotros, la Iglesia, su Esposa. La relación a establecer es de amor y de alegría, por eso el contexto de unas bodas. El vino, en la Escritura, siempre es signo de fiesta, de celebración y de alegría.
Cabe preguntarnos cuánto de esta imagen refleja nuestra actual vida cristiana. Para muchos la religión es una carga, o una obligación, algo por cumplir, o una negociación con Dios, una transacción, algo externo que uno hace o piensa… pero no algo que transforma la vida. Seguir a Cristo, más que un conjunto de ideas o una norma moral, es una forma de vida, volcada al amor y servicio al prójimo, pues Dios mismo es amor. Es vivir verdaderamente como hijos de Dios, asumiendo que esto nos hace ser hermanos entre nosotros. Es aprender a caminar juntos, levantando a los caídos, esperando a los que van más lento, compartiendo con los más necesitados.
Celebrar a la Virgen del Carmen nos lleva a hacer oración por nuestra patria. Pero en esa oración no buscamos que Dios haga el trabajo que nos corresponde a nosotros, sino que elevamos la mirada y el corazón hacia Él para entrar en sintonía con su querer y desde ahí involucrarnos nosotros en la transformación cristiana de nuestra sociedad. Virgen del Carmen, Reina de Chile, salva a tu pueblo que clama a ti.
