El Corazón de Cristo como modelo de amor y sentido en la vida laboral y cotidiana – P. Carlos Irarrázaval
Cada año, la Iglesia nos regala celebrar la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, un viernes, en el que siempre es bueno recordar y contemplar el misterio de la Cruz. Haciendo alguna renuncia voluntaria de algún gusto personal, rezando los misterios dolorosos del Rosario, o algún gesto de entrega a los demás, en especial en favor de los más desfavorecidos.
El mirar al Crucificado no nos puede ser indiferente y por eso reaccionamos de algún modo al recordarlo, eso es lo que quisiéramos en lo más profundo un viernes, aunque a veces la corriente nos lleva a pensar más bien en el fin de semana, el carrete, o quizás otra cosa más de este mundo, que nos encadena.
La Iglesia, que es mamá, al terminar el tiempo Pascual nos invita a mirar y gozar del Viernes Santo, con una mirada de Esperanza, porque el Crucificado ha Resucitado. La devoción al Sagrado Corazón nos muestra al Señor alegre y cercano, pero con las llagas en sus manos y pies, así como su Corazón atravesado por la lanza, coronado de espinas, ¡pero en llamas!
Las revelaciones privadas que el Señor les regaló a Santa Margarita María primero y más recientemente a Santa Faustina, nos invitan a mirar al Señor que se nos regala con su Misericordia y a corresponderle desde nuestro corazón, que aunque herido por nuestras caídas es agradecido al ver el amor que Él nos tiene que nos transforma.
Hay textos bíblicos que no nos pueden dejar indiferentes. El Señor nos dice: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” y “ustedes son mis amigos”. ¿Cómo no contemplar, agradecer y corresponder el cariño del Señor hacia nosotros?
¿Cómo anunciamos nosotros esto hoy al mundo en medio de los trabajos diarios, en la empresa y el emprendimiento? Vivimos en la vorágine del mundo actual donde la noticia, la foto, la voz, el escrito y quizás que cosa más puede ser creada por la Inteligencia Artificial, gran ayuda y aliada con la que todos queremos saber bailar bien, pero que puede sin darnos cuenta ser también la “fea” que vestida de seda… nos “pasa gatos por liebres” y nos deja borrados, botados y vejados por nosotros mismos. No en vano el Papa León nos lo hace ver en su encíclica Magnifica Humanitas, exhortándonos a nunca deshumanizar lo que Dios ha creado en nosotros.
¿Dónde queda el corazón humano iluminado por el Corazón de Cristo el Resucitado? ¿Está dispuesto a darse como Él? ¿Gratis? ¿Desde la humildad de lo que soy, de lo que sé, de lo que puedo? Con mi pobre “Inteligencia artesanal”, confío salir adelante, me la regaló el Señor que nunca defrauda, que con ella pueda yo usar la tecnología sin deshumanizar a nadie y así en todo alabarlo.
El Señor nos sigue descolocando porque su triunfo se da en la Cruz, desde ahí Reina, ese es su “Trono”. Lo que para muchos sería un fracaso es signo de su amor radical. Lo mataron por odio y Él no se escabulló ni arrancó, se entregó en favor nuestro, así nos salvó. Él pagó nuestra deuda, y qué deuda. Eso que nunca se hace en los negocios: nos dio aval a todo evento, confía en nosotros, que reaccionaremos y tarde o temprano arrepentidos, después de tantos porrazos personales que a palos nos hagan al fin atinar, lo buscaremos para abrazarlo arrepentidos y seguirlo como discípulos.
Pero tenemos que nadar contra corriente, ya que eso no es lo que el mundo predica como “criterio de oro”, ¿quién se da por entero sin exigir nada a cambio? La caridad, amor verdadero que el Señor nos regala nos descoloca e ilumina, en medio de este mundo donde campea el individualismo y la soberbia, donde “don narciso” se “roba la película”. Meticuloso, en todo busca ganancia, no se entrega sin medir cuánto recibirá a cambio, incluso manipula si es necesario para ello, está siempre él primero y el resto a sus pies. El servir con gratuidad propia de la caridad, no lo aguanta.
Cristo “el mismo ayer, hoy y siempre” con su amor infinito lo vuelve a hacer, se entrega para nuestra salvación y gratis. Su Amor se pone al servicio de nuestra salvación, y por ello de nuestra Felicidad plena, de nuestro verdadero éxito. El ser suyos como discípulos e hijos , nos da rédito por toda la Eternidad, esa sí que es ganancia.
Este es el formato que necesitamos. Vale la pena jugarse por él. Y conste que tenemos “chipe libre” para copiarlo y aterrizarlo a nuestra vida empresarial y laboral. El Autor no lo tiene con código ni clave, está con candado abierto y es red segura, dispuesta para todos los estamentos de la vida laboral: desde el CEO al recién entrado en el trabajo más sencillo, que ni cuarto medio pide en el CV. Desde el dueño de los capitales, pasando por el directorio, a los que con su trabajo y experiencia logran el resultado requerido. A todos el Señor les regala la “aplicación” de su Evangelio, que nos ayuda a vivir la vida de otro modo, en otro formato y con otra calidad y dimensión.
Cuánto necesitamos que en el Mundo en el que vivimos, también el de la Empresa, formado por personas de distintos niveles y encargos, cada uno con su expertise, nos unamos para emprender y producir, usando ese don de Dios, que nos hace capaces de dar antes que recibir, de enseñar al que no sabe, lo que he aprendido, de corregir, como me gustaría ser corregido, de amar y ser amado como Él me ha amado primero.
Esa “marca registrada” impresa en nuestra naturaleza por el Creador, por el pecado nos la han desfigurado, está en el ADN pero el mundo nos la ha desordenado o desfigurado, eliminando a veces al Creador, nos ha hecho pensar que somos dioses y podemos hacer lo que queramos. Sus consecuencias están a la vista. Volvamos al origen, pongámoslo a Él en su lugar, trabajemos en el mayor emprendimiento de nuestra vida, nuestra salvación y la de los que tengo a mi cargo. Para ello, usemos la “aplicación” que es el Evangelio, con su ejemplo el Señor nos dio.
En esta fiesta del Corazón de Cristo, abierto y traspasado nos interpela e invita no sólo a sabernos amados por Dios sino también a imitarlo en su modo de amar pudiendo así también reparar el mal, el que hicimos y el que otros hacen, confiando siempre en su Misericordia. Así nos regaló conocerlo a través de las revelaciones a Santa Margarita María y Santa Faustina.
Siempre la Caridad debiera iluminar nuestra vida, también en lo laboral, así en el ambiente productivo, el trabajar las relaciones humanas sanas de colaboración y servicio, de cara al bien común, nos enriquece y hace crecer. Pidamos al Sagrado Corazón en esta fiesta que celebramos, que nos ayude a poner el corazón en las cosas que hacemos, siempre dispuestos al servicio.
Lo que somos y hacemos ha sido gracias a los dones recibidos del Señor. Sepamos compartirlos con los demás. Chile lo pide y se lo merece y el Señor aquí nos puso para ello. Pidámosle que nos dé la valentía para poder terminar con lo que nos deshumaniza, quitándonos el don más precioso que Él nos compartió, la capacidad de amar y ser amados.
En su “aplicación”, la que nos regaló en los evangelios, nos dice que “A imagen suya nos creó”, “iguales en dignidad nos creó”. Es claro que no podemos desteñir en esto, es fundamental, nuestra “marca registrada”, que sea nuestro timbre, nuestro sello de calidad en todo lo que hacemos también en el mundo de la empresa. Así podremos reparar las confianzas, que lo falseado y “pirateado” por el demonio, nos ha robado.
Que nadie nos expropie el don de ser hijos de Dios y el trabajar cada día para construir el Reino en cada cosa que hacemos. Así podremos cantar en serio que Chile es una “copia feliz del Edén”. Se necesita esa sincera expresión del amor humano al servicio de la Patria y la humanidad en medio del mundo productivo. Ojalá siempre el sentido último de cualquier emprendimiento sea el Ser Humano que se beneficiará con la solución que le proponemos.
Señor, a quien hoy vemos con tu corazón lleno de fuego, abrasa y enardece los nuestros y a pesar de las espinas y el lanzazo que sufriste por nuestra causa, regálanos tu Misericordia y danos un corazón manso y misericordioso como el tuyo y acompáñanos cada día en nuestros trabajos.
Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.
