17 Feb 2022

Hijos amados de Dios – P. Osvaldo Fernández de Castro

Los cristianos estamos invitados a enfrentar nuestra vida, la toma de decisiones y también las reacciones frente a las dificultades no desde nuestros instintos, sino a dar un paso más. Los seres humanos no somos solo una especie más entre los animales, sino que somos hijos de Dios. 

El evangelio de este domingo apunta a una forma nueva de enfrentar la vida. Por eso plantea el desafío de amar al enemigo y desearle el bien al que te hace el mal. Esta no es la reacción natural, instintiva, sino que es la reacción cristiana. No es fácil, pues el instinto nos lleva a mirar todo desde una justicia humana, que castiga y premia, que busca retribución. El amor al enemigo, el servir a quien te haya hecho daño o te odie, el hacer el bien sin esperar nada a cambio, no es lo que brota instintivamente de nuestra naturaleza humana, sino que es la opción que nos invita a tomar Cristo, el lugar desde el que queremos vivir y relacionarnos. 

El bien y el amor al prójimo no lo buscamos esperando la retribución de la salvación, sino porque vivimos de acuerdo a lo que somos en Cristo: hijos de Dios. Y ser hijos de Dios significa que somos como nuestro Padre, quien nunca juzga ni condena, sino sólo ama. Sí, solo ama, también a los que hacen el mal. Dios odia el mal, porque hace daño a sus hijos, pero no odia al que hace el mal, pues es su hijo. La persona humana tiene una gran certeza: el amor incondicional de Dios, que no depende de lo que ella haga o diga, sino de su dignidad: es un hijo o hija amado de Dios.  

Qué distinta sería nuestra sociedad si al menos los cristianos nos decidiéramos a vivir nuestra vida como lo que verdaderamente somos: hijos amados de Dios.