El fracaso de Nazaret – P. Osvaldo Fernández de Castro
El evangelio de este domingo nos presenta a Jesús que vuelve a Nazaret, su tierra, donde también quiere anunciar su mensaje de salvación. Sin embargo, su experiencia será un fracaso. No sabemos qué dijo en la sinagoga, pero sabemos que produjo rechazo y escándalo. Seguro habrá sido su mensaje de siempre: no habló de un Dios legislador y severo, sino de uno que es Padre y a todos los llama hijos; habrá hablado de la ley que está al servicio del hombre y no de un hombre esclavizado por las normas; seguro que les habló de la salvación, no reservada exclusivamente a los hijos de Abraham, sino abierta a todos quienes acogieran la propuesta de mundo nuevo.
Y esto escandalizó a los nazarenos. Ellos son personas buenas, sencillas, pero que tienen miedo a ser cuestionados en lo que siempre han creído y plantean objeciones ante la novedad de Jesús. No buscan aclaraciones, sino sólo confirmar su propia postura, desautorizando al Señor. No se dejan confrontar con el evangelio, sino que se amparan en excusas para no cambiar.
Algo de esto nos sucede también a nosotros hoy, cuando nos encerramos en una postura cerrada, donde sólo aceptamos a quienes piensan como nosotros o confirman nuestra forma de ver las cosas. Incluso en temas eclesiales o morales, nos quedamos con la catequesis un poco infantil que recibimos en nuestra niñez y nos ponemos nerviosos cuando alguien hoy nos saca de ahí.
Dice el texto que Jesús no hizo prodigios ahí, pues el verdadero milagro se produce cuando acogemos el evangelio, con toda su novedad, y nos dejamos transformar por él. De nada sirve que muchas cosas cambien si yo sigo siempre igual. No son los demás los que deben cambiar, sino que soy yo quien debo adherir a Cristo, aceptar su propuesta y dejarme transformar por él.

