19 Nov 2021

Dos poderes contrapuestos – P. Osvaldo Fernández de Castro

En el evangelio de este domingo vemos que se enfrentan dos realezas que son opuestas: la del mundo, reflejada en Pilatos, hombre poderoso que puede dar la vida o quitarla, y la de Cristo, un preso maniatado, abandonado por los suyos, solo… Éstas se basan en principios opuestos. La pregunta que nos hacemos nosotros es cuál de estos poderes, y las relaciones que establecen, son los que queremos seguir.

La preocupación de Pilatos es que Jesús no sea un caudillo capaz de causar desórdenes o cuestionar el poder del emperador. Quiere saber la verdad sobre aquel hombre extraño que tiene en frente. Pilato sabe de reinos, pues conoce la fuerza del emperador Tiberio, el tiempo que el imperio romano lleva gobernando en la zona, todo el territorio que abarca, la cantidad de soldados que tiene, los impuestos que recaudan, en definitiva, conoce todo el poder que el reinado significa. No entiende que se pueda ser rey sin usar la fuerza para dominar a los otros.

Jesús habla de otra cosa. Su reino tiene que ver con este mundo, pero tiene un origen diverso, que no nace del mundo, de la tierra ni de lo material. Jesús aclara a Pilato que si su reino fuera de acuerdo con estos valores, habría tenido que recurrir a la fuerza, y adaptarse a lo que hacen todos. Habría entrado en la lógica de la competencia y del dominio de los demás. Sin embargo, su reinado no viene de este mundo. Las nuevas relaciones que Cristo quiere instaurar en su reino vienen de arriba, de una vida diferente que solo puede ser dada por Dios. Es la vida del Espíritu, que en Cristo se manifiesta en plenitud.  Es el Espíritu que se nos da, y desde él nace un mundo nuevo, que Jesús viene a instaurar en este mundo. No se puede imponer, como los reinos del mundo. Sino que se anuncia y se acoge. 

En nuestra vida cotidiana, tanto laboral como familiar, también nos vemos enfrentados a estas dos lógicas opuestas. La genialidad del cristiano consiste en estar en medio del mundo, pero siguiendo la lógica del evangelio, construyendo así el reino de Cristo.