Del desconcierto a la alegría – P. Jaime Tocornal
Reflexión correspondiente al Evangelio del domingo 7 de enero de 2024 (Evangelio según san Mateo 2, 1-12).
Hoy la liturgia nos lleva a mirar nuevamente al Niño Dios que nació en Belén pero con la mirada de los pueblos de oriente representados por los reyes magos o mejor aún los sabios de oriente. Es la fiesta de la Epifanía o Manifestación.
Vayamos con ellos en un viaje interior y veamos lo que pasa a su alrededor. Vienen guiados por un acontecimiento que nosotros también hemos visto: un cometa que aparece y se mueve lentamente. Un elemento cósmico, pero para ellos tiene todo un sentido trascendente: ha nacido un rey y es del pueblo judío. La lógica humana los lleva al palacio de Herodes donde deben estar los reyes pero lo único que encuentran es “desconcierto”. En el palacio no hay ningún niño rey… después de deliberar, parten para Belén, pueblo del gran rey David.
Allá la escena cambia completamente. Encuentran a Jesús con su Madre María y José. Lo que ven es un niño, pero le rinden homenaje como rey, como Dios y como mortal, según simbolizan los regalos que llevan: oro, incienso y mirra. Nuevamente han visto la verdad profunda de ese Niño, no quedándose con la pobre apariencia de un pueblo pequeño y una familia común y corriente. La alegría reemplaza al desconcierto porque miran en profundidad.
Ellos son capaces de ver donde otros no ven. Ellos vuelven a su vida diaria, pero “por otro camino”. Es el desafío final de Navidad: contemplar a Jesús y continuar por otro camino, pasando del desconcierto que inmoviliza a la alegría verdadera que nos hace decir ¡Feliz Navidad!
