07 Abr 2016

Cardenal Turkson entrega visión del Papa en materia de empresa y sociedad

En el seminario titulado “El Desafío de la Empresa Privada: de la Mejor Del Mundo a la Mejor Para el Mundo”, el presidente del Pontificio Consejo Justicia y la Paz del Vaticano, abordó los desafíos de la empresa, en su rol de potenciar un verdadero desarrollo humano integral. 

El encuentro organizado por la ESE Business School de la Universidad de los Andes, en conjunto con la International Academy of Management, contó con la participación de autoridades de gobierno, como el ministro de Economía Luis Felipe Céspedes, el ex secretario General de la OEA, José Miguel Insulza y académicos y empresarios de América Latina, Europa, Estados Unidos y Asia. 

Dentro de los expositores invitados, estuvo el cardenal ghanés, Peter Turkson, quien en su segunda visita a Chile habló sobre la necesidad de que sociedad y empresa se unan para enfrentar, desde su rol, los desafíos sociales. En esta línea, citó al Papa Francisco, quien ha llamado a la comunidad empresarial a ampliar su sentido de vocación, ejerciendo de forma más profunda y madura la responsabilidad. 

“En Laudato Si’, el Papa habla de una vocación universal de cuidar la casa común, que debe ser compartida por todos. En el ámbito de los negocios, estos deben ser definidos por la solidaridad y orientarse al bien común, pensando no sólo en quienes están involucrados con la actividad económica, sino que en los más vulnerables: los pobres y el medioambiente”, señaló el cardenal ghanés. 

Asimismo, se refirió al documento pontificio “La Vocación del Líder Empresarial”, el cual fue presentado en Chile ante 500 empresarios en 2014, tras la invitación hecha por USEC al cardenal. Para Turkson, éste es una guía para desarrollar el hábito del discernimiento, el proceso de descubrir el bien y perseguirlo deliberadamente.  “En el contexto complejo y desafiante del mundo de los negocios, no hay que perder el foco de los pilares del respeto a la dignidad humana y la consecución del bien común”, explicó.

En esta línea, revisó los seis principios de los hombres de negocios, con el objetivo de contribuir al bien común y el respeto a la dignidad humana, es que el cardenal explicó 6 principios prácticos para aplicar en los negocios, cuyo foco apunta a desarrollar el hábito del discernimiento, el proceso de descubrir el bien y perseguirlo deliberadamente. 

Principio 1: Los negocios aportan al bien común cuando producen bienes realmente buenos y servicios que realmente sirven. Ésta es la forma básica en que los negocios satisfacen necesidades humanas. Acá el discernimiento debe ir por el lado de evitar el consumo exacerbado, de bienes que no satisfacen necesidades genuinas, o derechamente, bienes que satisfacen deseos que perjudican moralmente a los individuos (como las drogas, las apuestas, la pornografía, video juegos violentos, etc.).

Principio 2: Los negocios deben mantener una actitud solidaria con los pobres y estar alertas a las oportunidades de generar algún servicio para ellos. Así las empresas tienen una segunda forma de satisfacer las necesidades de la sociedad mediante el desarrollo de bienes y servicios. Muchas veces las necesidades de los pobres e incluso de quienes tienen algún tipo de discapacidad, no son tomadas en cuenta por las empresas. Sólo piensan en productos para los que tienen una buena capacidad adquisitiva. Hay que reconocer las oportunidades de negocio que vienen de servir a las poblaciones más necesitadas (emprendimientos sociales).

Principio 3: Organizar un trabajo bueno y productivo es una manera especial de promover la dignidad humana. El trabajo dignifica. El magisterio social de la iglesia siempre ha enfatizado la importancia del trabajo, ya que concibe que mediante éste el mundo se perfecciona y el hombre responde a su vocación. Mucho más allá que un medio para subsistir materialmente, el trabajo es una necesidad, es parte del sentido de la vida, el trabajo es como la dignidad humana se despliega cada día en concreto. Los negocios, siempre deben subordinar las utilidades al dar empleo. Hay una prioridad del trabajo, sobre el capital. Una economía saludable se sustenta en la idea de hogares armoniosos y exitosos. Y esto depende del trabajo. Dejar de invertir en las personas para ganar utilidades en el corto plazo (cuando se reemplazan personas por máquinas, por ej.), es malo para el negocio a largo plazo y malo para la sociedad. La creación de empleo es un pilar esencial del bien común.

Principio 4: Los negocios que incorporan la subsidiariedad entregan a sus colaboradores la oportunidad de desplegar sus talentos a la vez que contribuyen a la misión de la organización. Las jefaturas debieran dar la oportunidad a los colaboradores para desarrollarse plenamente, asignándoles tareas o cometidos realistas pero desafiantes, con las herramientas apropiadas, con el apoyo y respaldo necesario, para que éstos aprendan de la experiencia en lugar de temer el castigo al mal desempeño. El ejercicio de la subsidiariedad del jefe al subalterno es similar al que Dios ha tenido con el ser humano al confiarle la Creación.

Principio 5: Buena administración. Bajo este principio el objetivo del negocio de generar utilidades se enfoca en generar riqueza sostenible y distribuirla con justicia. Esto implica velar por metas de largo plazo, asegurarse de que ninguna práctica atente contra la naturaleza o la dignidad humana, etc. El problema surge, como el Papa Francisco lo ha afirmado, con un contexto demasiado competitivo que promueve el cortoplacismo, que distorsiona el propósito de los negocios. Un ejemplo concreto es el llamado de Laudato Si a que los costos de la actividad productiva sean asumidos por quienes la generan y no por futuras generaciones y por personas que sufren debido a los desequilibrios medioambientales. Por ello, la búsqueda de maximizar las utilidades a corto plazo debe ser evitada por toda empresa. 

Principio 6: Las empresas son justas cuando distribuyen los beneficios entre todos los stakeholders. La Creación está destinada a todos. Es el principio del Destino Universal de los bienes, que sostiene el principio del bien común. Mientras la propiedad y el capital pueden ser derechos privados, de todas formas deben subordinarse al uso común. No se puede negar a otros su derecho a los bienes básicos que sustentan la vida. La correcta distribución de los bienes de la tierra no puede quedar reducida al ámbito de la filantropía, sino que es una obligación moral. 

Tras explicar los principios, el cardenal Turkson manifestó que “uno de los principales roles de los líderes empresariales es ser un buen administrador, pero en el sentido más amplio de la palabra, tomando en cuenta que todo el trabajo debe estar conectado con los otros y con el planeta, el cuidado de nuestra Casa Común y considerando como nuestro quehacer afecta a las personas y a la Tierra, concluyó.