Inteligencia Artificial: ¿Qué nos hace realmente humanos? – Enrique Cruz
En las últimas semanas se ha desarrollado un amplio debate acerca de los avances de la Inteligencia Artificial (IA) y su impacto en la sociedad, especialmente en el mundo del trabajo. Justamente, en USEC, Unión Social de Empresarios Cristianos, en nuestro Encuentro Anual de Socios, recientemente realizado, abordamos esta relevante temática, con la filósofa Carolina Dell’Oro y el experto en IA Patricio Cofré. El encuentro llevó por título “¿Qué nos hace radicalmente humanos? La Inteligencia Artificial en la empresa del presente para el Chile del futuro”.
En la presentación, los expositores definieron a la IA como un “excelente copiloto” que nos permite hacer más, con mayor excelencia, con menor esfuerzo y en menos tiempo. No reemplaza el criterio ni los principios y valores que son el sello humano que debemos cuidar en todo trabajo. Es que la IA, como todas las actividades y herramientas, plantea desafíos no sólo técnicos y tecnológicos, sino que también éticos.
Con la ayuda de la IA podremos delegar las tareas repetitivas y tediosas, para concentrarnos en un trabajo más desafiante que nos permita aportar la dimensión humana tan fundamental. Debiéramos poder hacer más, en menos tiempo, lo que implica la posibilidad de canalizar otros intereses como compartir más con la familia.
Lo anterior se suma a la necesidad permanente de las empresas de ir innovando, incorporando tecnología y ampliando el conocimiento para poder competir y aportar al desarrollo de la sociedad. Sin embargo, no nos podemos olvidar de que el trabajo no sólo tiene una dimensión técnica o productiva, sino que es una instancia de desarrollo de la persona, y ofrece la oportunidad de adquirir virtudes humanas, de desplegar sus talentos, y en definitiva, de alcanzar la propia realización.
Sabemos que la incorporación de la IA conlleva riesgos, como los han tenido todas las grandes disrupciones tecnológicas, y en el mundo del trabajo puede generar la pérdida de empleos, sin embargo, creemos que en el mediano plazo serán muchos más los nuevos puestos que se generen en actividades que ahora ni siquiera imaginamos. En ese sentido, la IA plantea un serio desafío a la relación entre trabajo y capital, al acelerar la necesidad de la formación de los colaboradores, de manera que se mantengan al día con los avances de las nuevas tecnologías. Los empresarios y todos quienes ejercen cargos de responsabilidad al interior de las empresas, junto con los colaboradores, deben prepararse y capacitarse en el uso de estas herramientas tecnológicas.
De esta manera, la incorporación de nuevas tecnologías está puesta al servicio de la formación del capital humano, facilitando el trabajo, y no como una amenaza a su reemplazo. Aquí vemos un ejemplo más de la necesidad de la creatividad empresarial, de descubrir cómo nuestros actuales colaboradores, o quienes se incorporen a nuestra empresa en el futuro, pueden servir de mejor manera a la creación de riqueza material y espiritual. Esta es una oportunidad que no se debe dejar pasar.
Debemos reafirmar el criterio de que la tecnología es una herramienta positiva que debe servir a las personas, simplificando tareas, de manera de que los colaboradores se ocupen de las funciones más humanas, poniendo todos sus talentos en pos del desarrollo personal, familiar, empresarial y social, tanto material como espiritual. Los riesgos deben ser considerados y seguramente habrá regulaciones en el uso de la IA. Pero esta herramienta, que sin duda representa un cambio significativo en la vida del hombre, para que sea en su beneficio material y espiritual, dependerá de la forma en que la usemos. Y en esto todos tenemos nuestra cuota de responsabilidad, particularmente las empresas y los estados. Bienvenida la IA, recordando que esta tiene como fin servir al hombre y hacernos más humanos.
Columna publicada el domingo 11 de junio de 2023 en El Líbero.
