20 Abr 2023

Peregrinos como los de Emaús – P. Osvaldo Fernández de Castro

Hay una pregunta que puede surgir entre nosotros los cristianos: ¿es posible creer en Jesús si verdaderamente no lo hemos visto ni tocado? ¿Podemos dar testimonio de que él está vivo si no lo hemos visto? ¿Basta con el testimonio que otros nos han dado? Pareciera que lo que otros han experimentado y nos han contado no es suficiente para yo adherir con toda mi vida a él. Es necesaria una experiencia personal de encuentro con él: la experiencia del Resucitado.

Lucas es como nosotros: no conoció a Jesús de Nazaret directamente, igual que nosotros que nunca lo hemos visto. Él escuchó hablar de Jesús a los apóstoles, y lo convirtió en el relato evangélico. Los peregrinos de Emaús, que nos regala la liturgia de hoy, es uno de los textos más queridos de su evangelio. No sólo se trata de un relato histórico, sino que también nos revela en su simbología la historia de la humanidad con Dios: ese Dios que se ha hecho hombre y que camina a nuestro lado, aunque muchas veces no nos demos cuenta. Ese “Dios con nosotros” que ilumina el sentido de nuestra vida, especialmente cuando nuestro dolor o tristeza nos impide ver con claridad.

Para reconocerlo, nos juntamos como comunidad cada domingo a partir el pan. Es la experiencia eucarística la que se convierte en la experiencia del Resucitado. Ahí se contiene la presencia de toda la vida de Cristo entregada por amor. Esa vida donada es la que trasciende más allá de la muerte y entra toda ella en Dios. Así lo último no es la muerte, sino que ésta es vencida por la vida divina. Solo así se puede vencer la tristeza y la desilusión del camino.