El Cordero de Dios – P. Osvaldo Fernández de Castro
En el evangelio de este domingo, Juan Bautista llama a Jesús “el Cordero de Dios”. Con esto no sólo se refiere a la imagen de salvación y entrega que se contiene respecto al cordero en el Antiguo Testamento –en el sacrificio de Abraham, el Cordero Pascual y el siervo sufriente de Isaías–, sino que se refiere también a la forma como se realiza su propuesta de mundo nuevo.
El ser humano siempre ha buscado el poder a través de la fuerza y la astucia. A lo largo de la historia vemos que ese poder ha significado desarrollo, pero al mismo tiempo ha generado violencia, guerras –cuánto de nuestro desarrollo tecnológico es gracias a las guerras–, pobreza, desigualdad e injusticia. Así es el poder humano, con sus propios criterios y escala de valores. Hay momentos en que ha tenido mejores resultados, pero siempre ha terminado en crisis, siendo constante en la historia de la humanidad la lucha por el poder, las traiciones, la violencia…
La figura del Cordero nos habla de otra forma de poder, que podríamos llamar divino. Y vemos que, a diferencia de los animales, donde el más fuerte mata y se impone, este poder nos hace ser verdaderamente humanos. Cuando Jesús envía a sus discípulos al mundo, no les dice vayan como lobos en medio de bestias, imponiéndose como el más fuerte. Sino que les dice vayan como corderos en medio de lobos.
Si vemos nuestra historia, cuando más hemos perdido el norte, ha sido cuando más hemos enredado el tema del poder, cuando hemos actuado más como bestias que como corderos. En esta oportunidad es la imagen del cordero la que nos ayuda a entender que otra forma de ser sociedad es posible. No se trata de que otros actúen como yo quisiera, sino de que yo mismo empiece por poner al centro de mis decisiones y acciones el servicio y el amor a los demás.
