04 Ene 2023

El camino de la fe: partir, contemplar y adorar – P. Hugo Tagle

Este domingo 8 de enero celebramos la fiesta de la Epifanía o manifestación del Señor. Se la conoce popularmente como la Adoración de los Reyes Magos. Tradicionalmente se celebra el día 6 de enero, pero se traslada al domingo siguiente para que más fieles puedan participar de ella. A través de los reyes magos o “sabios de oriente”, Jesús se da a conocer a todo el mundo. En ellos se ven representados todos los pueblos de la tierra. 

En esta fiesta se experimenta lo propio del camino de fe a través de los verbos empleados en el relato: Preguntar, vale decir cultivar una “santa curiosidad”. Caminar o bien “hacerse al camino”. Partir al lugar señalado. Ver la estrella. Contemplar y finalmente, adorar

Lo primero en la fe es la apertura a la gracia, que se alimenta de un “sano deseo” por conocer a Dios. Para ello, hay que hacerse al camino a su encuentro. La vida de fe es ejercicio, y a veces duro. Es necesario dejar nuestra “zona de confort” y estar dispuesto a la aventura. Ello supone ver, observar, mirar, estar atentos a los signos de Dios en el tiempo. Esta combinación de acciones lleva a la transformación y cambio interior, que es la que experimentan los Reyes Magos y se describe al final del relato bíblico: “volvieron a su tierra por otro camino”. Quien encuentra a Jesús, enmienda el rumbo, cambia de vida, se transforma y con ello, transforma toda su realidad.

En este camino reconocemos al Salvador y lo adoramos. El Papa Francisco, en una de sus homilías de Epifanía nos dice: “Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron” (Mt 2,11). La adoración era el homenaje reservado a los soberanos, a los grandes dignatarios. Los magos, en efecto, adoraron a Aquel que sabían que era el rey de los judíos (cf. Mt 2,2). Pero, de hecho, ¿qué fue lo que vieron? Vieron a un niño pobre con su madre. Y sin embargo estos sabios, llegados desde países lejanos, supieron trascender aquella escena tan humilde y corriente, reconociendo en aquel Niño la presencia de un soberano.”

Ellos fueron capaces de “ver” más allá de la apariencia. Arrodillándose ante el Niño nacido en Belén, expresaron una adoración que era sobre todo interior: abrir los cofres que llevaban como regalo fue signo del ofrecimiento de sus corazones.

Los reyes magos llevaron regalos –oro, por su carácter de rey; incienso, por ser Dios y como elemento para la adoración y mirra por su carácter humano, ya que se usaba para el entierro de los cuerpos–. Podemos pensar en nuestros propios “regalos” a Jesús ¡Hemos recibido tanto! ¿Qué puedo ahora yo regalar al Señor; qué le he traído al pesebre? Más que bienes materiales, podemos pensar en aspectos de nuestra vida que podemos mejorar o enmendar. O en otros que necesitan de nuestra asistencia y ayuda; que se encuentran en un estado de fragilidad como el Niño Jesús en el pesebre y que, como Él, están necesitados de ayuda, calor humano, solidaridad.

Que en este inicio de año la presencia de Jesús en Belén nos acompañe, ilumine y guíe como la estrella de Belén a Gaspar, Melchor y Baltazar, los tres reyes de Oriente. Que cada uno, como ellos, volvamos transformados tras su encuentro; “por otro camino”, y anunciemos alegres la buena noticia de Cristo a quienes Dios nos va mostrando a lo largo de nuestra vida.