04 Nov 2022

La resurrección – P. Osvaldo Fernández de Castro

Jesús ya ha llegado a Jerusalén, y se pasa sus últimos días enseñando en el templo. Un día se le acercan los saduceos, quienes ridiculizaban la fe en la resurrección de los fariseos, que creían en una vuelta a esta vida, pero mejorada. Entonces le presentan a Jesús un caso donde la ley de la resurrección no es compatible con la ley de Moisés (la mujer con 7 maridos). Si los muertos resucitan, si vuelven a este mundo, como lo afirman los fariseos, ¿cómo se arregla esto? 

Para responderles, lo primero que hace Jesús es distinguir entre dos realidades, dos mundos: el presente y el futuro. En el mundo presente la vida es así como la vemos: naces, creces, te casas, tienes hijos, mueres… El mundo futuro no es la continuación de esta vida pero mejorada, no es despertar del sepulcro para reanudar la vida de antes. No tiene sentido que Dios destruya una vida y que después la devuelva, aunque fuera mejorada. El mundo futuro es una realidad completamente distinta. Si solo tuviéramos una vida biológica, nuestro destino sería la muerte, como todos los otros seres que vienen de la tierra. Pero Jesús dice que Dios ha dado su propia vida a la humanidad. La vida biológica termina, pero la vida que Dios ha donado es eterna. 

Corremos el peligro de imaginar la vida del mundo futuro como una extensión de la vida actual. No, el mundo futuro es completamente diferente. Tenemos este cuerpo mortal que se enferma, envejece y termina en el cementerio. Este cuerpo lo dejamos acá, pues no se introduce en el mundo definitivo. Es toda la persona, con su historia de amor, la que se reviste de otro cuerpo, que es incorruptible, glorioso y espiritual. 

La respuesta a la cuestión del destino del hombre no hay que buscarla en nuestro rechazo instintivo a la muerte, ni en la inmortalidad del alma, sino en esa relación de amor entre Dios y nosotros: “si existe un Dios, el hombre no puede sino ser inmortal porque Dios es fiel a su amor”. Este Dios no resucita a los muertos, sino que da vida inmortal a los vivos. Si existe un Dios que ama al hombre, entonces el hombre es inmortal. Dios no nos devuelve la vida anterior, sino que nos da su propia vida, y esta vida no puede ser tocada ni destruida por la muerte biológica. Este regalo de su vida es lo que llamamos resurrección.