29 Ago 2022

Mirar con perspectiva “de Cielo” – P. Carlos Irarrázaval

Hoy nos toca como ciudadanos ir a votar, y debemos hacerlo como discípulos del Señor. El Evangelio que se nos regala hoy nos lo recuerda: si “quieres ser discípulo mío” nos dice el Señor, si quieres venir a mí, tienes que ser capaz de dejarlo todo, renunciar a todo… tu padre, tu madre, tu mujer, tus hijos… ¡todo! En el fondo para ser suyo, tengo que de verdad ser suyo, no a medias. Lo mismo nos dice respecto de los bienes de este mundo.

¡Fuerte es su mensaje! Y más quizás en medio del mundo del emprendimiento y de la empresa. Los “bienes”, no son “males”, quisiéramos decirnos y repetirnos siempre. Pero nos pueden hacer mal, nos pueden encadenar. Por eso si no renuncio a todos esos bienes a lo mejor no puedo ser discípulo del Señor. ¿De qué renuncia me hablan? ¿Será literal? Puede ser, pero también puede significar ser libres de las ataduras de este mundo, para estar siempre libres, con la “maleta” lista. Si hoy el Señor viene, ¿estoy listo? ¿Tengo el testamento hecho o ya todo transferido en vida?, ¿a quiénes? a los que me pueden presentar al Señor o a los que seguirán encadenados con ellos por más tiempo en esta dimensión terrenal… Los apegos de este mundo me encadenan e impiden ver todo con mirada de eternidad, me vuelven terrenos.

Es clave sentarnos a “calcular” qué rumbo le doy a mi vida. Entre todo lo que se nos ofrece habremos de discernir qué es lo que realmente nos hace plenos. Ese proyecto que con Dios llevaremos a cabo y que gracias a Él, lograremos sacar adelante y “terminar” a mucha honra. La libertad que me da mirar con perspectiva “de Cielo” es única. Me regala gozar cada día de los dones de Dios y me invita a hacer que otros también los gocen conmigo.

Ser hijo de Dios –¡precioso desafío!–, cada día estar dispuesto a renunciar a todo con tal de no perder al Señor. Me lo pueden quitar todo decían los mártires, pero a mi Señor, al que tengo en el corazón, a Ese nadie me lo puede quitar. Por él yo doy la vida. Son palabras fuertes, atestiguadas en estos 2022 años de historia de la Iglesia por muchos mártires. ¿Podrán ser las mías? No se trata de las cosas y las personas, sino de los apegos desordenados a ellas: “Donde está tu tesoro, está tu corazón”.
No renunciemos nunca a los principios que nos hacen ser de Dios. Que el Señor nos ayude a estar dispuestos a dar la vida por Él en vez de andar buscando la propia conveniencia en este mundo pasajero y no definitivo.

Dios te bendiga.