El Buen Pastor – P. Osvaldo Fernández de Castro
Este domingo, la liturgia nos regala la figura de Cristo, el buen Pastor, que no está referida en primer lugar a la parábola de la oveja perdida, donde se nos presenta la bondad de Jesús que carga a la oveja perdida sobre sus hombros, sino al capítulo 10 de san Juan, donde se nos presenta al pastor verdadero, el valiente que da la vida por las ovejas, que las conoce, las conduce y las protege. Cristo, el buen pastor, nos invita a descubrir una forma concreta de la belleza de la condición humana.
El amor gratuito, arriesgado y generoso, es la belleza de esta propuesta. El pastor bueno no piensa en sí mismo, sino en la situación en que se encuentran sus hermanos. El bien se hace de forma gratuita, porque amar es bello y transforma la vida y la sociedad. La belleza de la condición humana no está en hacer lo que me agrada, sino en amar y servir.
Por eso la propuesta de Jesús es que la relación con Dios no es de un asalariado que busca la paga, sino una relación “esponsal” con Dios. En el evangelio de hoy queda plasmado con el verbo “conocer” que se repite cuatro veces. Es un conocimiento que no se da con la cabeza, sino con el corazón, y que lleva a descubrir la intimidad del otro, lo que le da alegría, sus deseos y pensamientos, sus sueños. Así es el conocimiento de Dios produce la transformación en la versión más bella de nosotros mismos.
Qué bien nos hace, en el tiempo que estamos viviendo, pensar en esta belleza de la condición humana, que no está en el que tiene más, en el que piensa de tal manera, o en el que se impone a los otros, sino en el que ama y sirve a los demás.

