Resurrección – Mons. Fernando Chomali
Frente al misterio de la muerte –el gran enigma de la condición humana- y que en este tiempo de pandemia se ha hecho notar con virulencia, aparece el Domingo de Resurrección. Todos, perplejos por las cifras de contagiados de coronavirus, que aumenta día a día, nos sentimos indefensos y, en cierto sentido, desamparados. No sólo porque no sabemos exactamente lo que está pasando, sino porque tampoco sabemos qué es lo que va a pasar.
Las palabras de Jesús en la Cruz no pueden describir de mejor forma este sentimiento que nos embarga a todos, aunque lo neguemos. “Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado”. Esta experiencia de abandono vivida por el Señor, que se manifiesta ante el mundo en la Cruz, le da a Dios el espacio para manifestar su poder y, sobre todo, su misericordia.
Él, Jesús, verdaderamente es el Hijo de Dios y ha resucitado. Sí, el sepulcro está vacío. Se han cumplido las escrituras. Esto nos abre una ventana para mirar la vida desde otro prisma. En efecto, con este hecho absolutamente inédito, insólito y desconcertante, podemos, desde nuestra indigencia más absoluta, darnos la oportunidad de entregarnos absolutamente en las manos de Dios y despojarnos de todo aquello que falsamente nos ha vestido para presentarnos ante el mundo.
Hoy es posible, despojarnos de toda vanidad y de todo orgullo y entrar de lleno en el misterio de la Cruz -que resulta ser gloriosa- y comenzar una vida de resucitados. Jesucristo resucitó, venció el mal y se nos invita a morir con Él para resucitar con Él, con un corazón nuevo según su Espíritu que nos permite afirmar como San Pablo, no somos nosotros, sino que es Cristo que vive en nosotros. ¡Qué misterio más bello! ¡Qué esperanza!

