14 Abr 2016

Hugo Lavados – ¿Sueldo o ingreso ético?

Para las familias más vulnerables, los sueldos -lo que se recibe por un trabajo formal remunerado- no son el único componente de ingresos. Ni siquiera el más importante.

El planteamiento del obispo Alejandro Goic sobre un sueldo ético de un mínimo de $400 mil ha despertado gran interés, tal como ocurrió con su anterior proposición de $250 mil. Hemos observado un entusiasta apoyo en redes sociales, videos viralizados, comentarios escépticos de economistas y algunos empresarios, dudas de políticos, etcétera, evidenciando aristas políticas y morales que superan al análisis económico. Sin embargo, se ha olvidado un factor importante, y necesario de introducir.

No conocemos lo que piensa el obispo, pero supongamos que sus dichos se refieren al ingreso mínimo para una familia chilena. Si es así, eso es completamente diferente a decir que el sueldo mensual mínimo debería ser de $400 mil, y existen varias razones para esa afirmación.

Primero, para el ingreso monetario de los sectores más pobres de nuestro país, las remuneraciones no son un elemento central. De hecho, de acuerdo con la encuesta Casen -que es la mejor referencia para estas cifras- por cada $100 que perciben las familias del 10% más pobre, los sueldos no representan más de $25; otros ingresos obtenidos son $35, y los subsidios monetarios (bonos, asignaciones familiares, pensiones solidarias) más de $40. En el decil siguiente, los ingresos por trabajo asalariado son del orden del 60%.

En segundo término, definir que las remuneraciones no pueden ser inferiores a ese monto traería un desafío casi imposible de resolver para las empresas de menor tamaño, asimismo para la contratación de jóvenes y mujeres para las jornadas parciales y, por lo tanto, para incrementar la proporción de empleos con contrato de trabajo, con la consiguiente carencia de cobertura previsional y de salud.

Si nos planteamos en términos de ingreso mínimo, estimamos que un 20% de las familias, que son unas 800 mil en el país, perciben un ingreso monetario bajo $400 mil mensuales. Nótese que nos referimos a ingreso y no a remuneraciones. El monto total de recursos necesarios para cubrir la diferencia entre el ingreso efectivo y los $400 mil, no es el propósito de esta columna, pero valga señalar que para el grupo más pobre, esa diferencia sería en promedio de $240 mil mensuales.

Desde hace mucho tiempo algunos economistas han indicado que sería posible definir una tasa de impuesto negativo a los ingresos, lo que equivale a un subsidio en dinero para quienes están por debajo de la línea definida. Sin embargo, por razones prácticas (el alto costo para el Estado), como por los incentivos negativos al esfuerzo de las personas, no parece que confiar esencialmente en las transferencias monetarias sea una política adecuada para superar la pobreza.

Lo que deseamos enfatizar es que, para las familias más vulnerables, los sueldos, es decir, lo que se recibe por un trabajo formal remunerado, no son el único componente, ni siquiera es el más importante de sus ingresos. Tienen gran relevancia el trabajo informal y los subsidios en dinero. Eso no quiere decir que las remuneraciones están en un nivel considerado ético, ni que no deban diseñarse políticas públicas e incentivar a las empresas para aumentar el trabajo formal, muy por el contrario.

Lo que es preciso recalcar es que requerimos definir los términos de cualquier análisis y debate sobre un problema tan importante como es el poder adquisitivo de las familias de ingresos bajos. En ese sentido, hablar de remuneraciones resulta ser muy distinto a referirse a ingresos. 

*El autor es rector de la Universidad San Sebastián.
Fuente: Pulso, jueves 14 de abril de 2016.