10 Mar 2016

Gabriel Cestau – El abrazo de la empresa y el hogar

La vida actual parece plantear un dilema: o trabajo o hijos, pero las dos cosas a la vez parecen imposibles.

La vida actual parece plantear un dilema: o trabajo o hijos, pero las dos cosas a la vez parecen imposibles. Ser madre se ha convertido para muchas mujeres en un hándicap profesional. De este modo, el 66% de las mujeres con dos o más hijos están fuera del mercado laboral, siendo el cuidado de sus niños la principal razón por la que dejan de trabajar, lo que repercute en una baja participación que en 2015 llegó a solo el 49% frente al 72% de los hombres. Es obvio que debemos reaccionar pronto, para generar un ambiente laboral que promueva la integración de la mujer en beneficio del desarrollo de ellas y del país.

Para contribuir a esta tarea hago de altavoz de algunas ideas que me parecen significativas. La primera es extender el horario de las salas cuna y jardines infantiles, facilitando que los padres tengan la posibilidad de dejar temprano a sus hijos, ir a sus trabajos y retirarlos a su regreso. Un escenario que no se condice con la realidad, porque si bien hoy existe una amplia oferta de cuidados para los niños, los horarios no son compatibles con una jornada laboral completa.

En segundo lugar, se debería modificar el financiamiento desde estar fundado solo en las mujeres hacia un modo solidario compartido por ambos géneros. Así, se reduciría el costo de contratar mujeres que hoy está incrementado por el requerimiento de proveer salas cunas solo para las empresas con más de 20 mujeres.

En otro orden, la concepción predominante tolera, por ejemplo, que una madre llegue tarde a trabajar por llevar a un hijo al médico. En cambio, no existe la misma tolerancia con un hombre, lo que me parece penoso por dos razones: porque tengo que hablar de tolerancia y no de facilitación, y porque la responsabilidad sobre los niños es compartida. Para solucionar esta dificultad deberíamos pensar en la posibilidad de trabajar desde el hogar o la oficina de forma indistinta según la necesidad o bien, contar con jornadas laborales que no se midan por días, sino por períodos más amplios, permitiendo trabajar más horas algunos días y otros menos.

Estoy seguro de que la suma de estos pequeños cambios contribuiría a lograr una sociedad más equitativa y a poder celebrar con más alegría el próximo día de la mujer.

Publicación: Pulso, jueves 10 de marzo de 2016.
*El autor es Economista Banco Santander.
Foto: Diario La Tercera.