21 Oct 2015

Nureya Abarca – La inteligencia emocional es clave

Las competencias emocionales de los líderes determinan en gran medida el éxito de los equipos y organizaciones. Algunos autores han llegado a afirmar que la inteligencia emocional explica.

Las competencias emocionales de los líderes determinan en gran medida el éxito de los equipos y organizaciones. Algunos autores han llegado a afirmar que la inteligencia emocional explica


¿QUIÉN ES LÍDER?

Todos estamos llamados a ser líderes. Habitualmente se piensa que solo las grandes personalidades pueden ser líderes de otros, que se necesitan características especiales para influir sobre los demás. Pareciera ser que un líder de excepción es quien tiene algunas características personales sobresalientes. Antiguamente el líder era una especie de “superhombre”, con competencias superiores para hacer su tarea. Hoy, en cambio, el énfasis está puesto en su humanidad y en su capacidad de relacionarse con otros. Lo relevante de un líder son sus características como ser humano y no como especialista de una materia.

Cuando se pregunta qué persona ha ejercido una gran influencia sobre nuestras vidas, las respuestas típicas mencionan al padre o la madre, otro familiar, un profesor, un jefe, un amigo, y muchas personas de nuestro entorno. En ellos reconocemos distintas características que admiramos y que nos hacen seguirlos.

Es así como las primeras aproximaciones al liderazgo se centraron en las características personales del líder, su modo de ser y su carisma. Luego la atención pasó de lo que el líder es a lo que hace, de sus rasgos de personalidad a sus conductas. Hoy se piensa que no es posible entender el liderazgo sin considerar el contexto o situación. Por eso se habla del “líder situacional”. Pero, ¿qué define la situación? No es fácil dar una respuesta única a esta pregunta. Y tal vez no corresponda darla. El líder debe saber descifrar el tiempo y la situación que le toca vivir. No es lo mismo manejar una empresa pública que una privada; es distinto ser líder de un grupo pequeño que de uno grande; resulta diferente dirigir personas cuando las tareas son estructuradas que cuando el trabajo es creativo. El liderazgo efectivo debe tener la capacidad de reconocer el momento que le ha correspondido enfrentar y de adaptar sus respuestas y su forma de conducir la organización.

La consideración de la relación entre el líder y sus seguidores es uno de los factores esenciales en las teorías actuales de liderazgo. Estas son las “teorías situacionales” que ponen el énfasis en la flexibilidad que debe tener un líder para responder a los cambios en el ambiente, sacando del centro a los atributos o “carisma” de una persona y poniendo el acento en la relación que establece con sus seguidores.

Es sabido que las relaciones interpersonales se encuentran en la esencia de las organizaciones. En este sentido, Peter Senge considera el liderazgo como la capacidad de una comunidad humana para crear su futuro. Básicamente esto nos dice que el liderazgo no lo podemos ubicar en los talentos y atributos de una persona en particular, sino en una relación entre personas. Es por lo tanto un proceso social, en el que el líder interviene para establecer conexiones entre personas para lograr objetivos y metas.

Por lo mismo, entre las tareas esenciales del líder se encuentra la de crear confianza y vínculos entre las personas que dirige. Un buen líder es el que obtiene resultados exitosos y, a la vez, permite el desarrollo de sus subordinados en términos profesionales y personales. Para equilibrar estos dos desafíos, el líder debe demostrar a lo largo del tiempo que es capaz de formar equipos que funcionan bien y utilizar los conflictos como fuente de crecimiento para las personas y la organización.

En resumen, los líderes saben inspirar, despertar pasión y compromiso por el trabajo. Son personas que despiertan nuestro entusiasmo y estimulan lo mejor de nosotros. Cuando tratamos de entender por qué algunas personas son tan efectivas en su gestión nos centramos principalmente en algunos elementos racionales como su estrategia, visión y conocimientos, factores clave en llevar prosperidad a las organizaciones. Sin embargo, en los tiempos actuales, en que el papel del empleado en la nueva organización ha cambiado tan radicalmente, empiezan a surgir con fuerza las necesidades emocionales.

SEGURIDAD Y CLARIDAD

Los líderes siempre han cumplido con una función emocional, una persona a quien los demás recurren en busca de seguridad y claridad en situaciones de incertidumbre, para hacer frente a una amenaza, o superar un desafío. En este sentido, el líder es quien mejor sabe encauzar las emociones de un grupo. Para bien o para mal, los colaboradores buscan el contacto emocional con el líder. Cuando las emociones son positivas como el entusiasmo, el grupo puede alcanzar metas muy altas, por el contrario cuando lo que prima son las emociones negativas, como el resentimiento o el miedo, el grupo puede llegar a su desintegración. Esto nos hace ver que el clima emocional que el líder pueda generar trasciende el cumplimiento de las tareas, Por lo mismo, las competencias emocionales de los líderes determinan en gran medida el éxito de los equipos y de las organizaciones.

La forma en que esto ocurre no tiene tanto que ver con “lo que hace” un líder sino “el modo” en que lo hace. De acuerdo con estudios científicos (Goleman, Boyatzis & Mckee, 2004), el centro cerebral que regula las emociones constituye un sistema abierto que se encuentra condicionado por lo que ocurre en el ambiente. Así, nuestra estabilidad emocional depende en parte de las relaciones que se establecen con los demás. Esto implica que establecemos una sintonía automática de nuestras emociones cuando nos relacionamos socialmente con otros. Es decir, las emociones tanto placenteras como conflictivas de las personas cercanas nos influyen, produciéndose un contagio emocional.

Por ejemplo, cuando tres extraños permanecen sentados juntos durante un par de minutos, el más expresivo de ellos termina transmitiendo su estado de ánimo a los otros dos, sin que haya mediado ninguna palabra (Friedman & Riggio, 1981). Esto mismo ocurre en los lugares de trabajo, aquellos que conviven en un equipo acaban inevitablemente compartiendo sus emociones.

En esta interacción, el líder juega un papel fundamental porque todos lo buscan y sus emociones priman por sobre el resto. Es sabido que los líderes hablan más y sus palabras son escuchadas con más atención, pero el efecto sobre las emociones del grupo va más allá de sus palabras. Los colaboradores tienden a sintonizar sus emociones con las respuestas emocionales que perciben en el líder, el que puede aprobar o criticar; respaldar o ignorar las necesidades de los demás.

La facilidad con que se detectan los estados emocionales del líder dependen de su lenguaje no verbal, sus expresiones faciales, su tono de voz y sus gestos. Cuanto mejor exprese sus emociones el líder más rápidamente influirá emocionalmente sobre el resto y más atraerá a sus seguidores. Las personas se sienten atraídas por los líderes emocionalmente inteligentes, por el contrario, los líderes que transmiten emociones negativas, mal genio, irritabilidad, frialdad, producen rechazo en los demás.

 Afecta la emergencia del liderazgo, las conductas del líder y los resultados

¿Es la inteligencia emocional el factor sine qua non del liderazgo?Para muchos autores la inteligencia emocional es la clave del liderazgo. Algunos han llegado a afirmar que la inteligencia emocional explica el 90% de las diferencias entre los líderes estrella y los líderes promedio.

Esto se basa en que el liderazgo ha sido descrito como “un proceso cargado emocionalmente” en el cual la habilidad para manejar los sentimientos de los seguidores es una función crítica.

En concordancia, las emociones de los líderes y las conductas asociadas a estos afectan profundamente las reacciones emocionales de sus colaboradores. De esta forma, el desempeño laboral de los seguidores se beneficia de las emociones positivas y optimistas del líder, pero se deteriora con aquellas emociones negativas y de frustración.

IDENTIFICAR SENTIMIENTOS

Dado este papel fundamental de las emociones, es posible afirmar que la inteligencia emocional juega un rol muy importante en el liderazgo. Específicamente, un líder que puede identificar en forma precisa los sentimientos de otros y comprender sus emociones podrá captar mejor los problemas y necesidades de sus colaboradores y en consecuencia entregar mejores respuestas emocionales.

De igual forma, un líder que efectivamente pueda expresar y manejar las emociones tendrá una mayor influencia en los sentimientos de sus seguidores y enfrentará de mejor manera sus preocupaciones.

En línea con esto, se ha observado que la inteligencia emocional puede generar y mantener la seguridad, cooperación y confianza en los seguidores; permite guiar a los equipos en tiempos de confusión, ambigüedad y conflicto; y proporcionar inspiración, sentido, identidad y compromiso a sus colaboradores.

Veremos a continuación cómo afecta la inteligencia emocional en la emergencia del liderazgo, en las conductas del líder, y en los resultados que se obtienen.

La emergencia del liderazgo es el grado en que una persona es percibida como un líder y ejerce influencia en otros miembros del grupo, aunque no esté en una posición formal de liderazgo.

Gran parte de los estudios publicados apoyan la noción que las personas más inteligente emocionalmente tienen más probabilidades de surgir como líderes. La explicación de esta relación tendría que ver con la empatía y las estrategias conductuales tales como la perspectiva, coordinación de tareas y conductas de apoyo y desarrollo.

La asociación entre la inteligencia emocional y conductas específicas de liderazgo se ha centrado principalmente en el estilo de liderazgo transformacional que se caracteriza por actuar como un líder carismático, poder comunicar una visión atractiva, estimular intelectualmente y dar un apoyo personal a los seguidores.

En cuanto a los resultados, la inteligencia emocional cumpliría con el rol de promover la efectividad del liderazgo al influir y guiar las actividades de su unidad hacia el logro de sus metas. En algunos estudios se ha observado que la capacidad de persuadir y apoyar de un gerente -percibida por los colaboradores- aumenta su efectividad.

El Mercurio, miércoles 21 de octubre de 2015.