Perspectivas a 10 años
Las personas reconocen, crecientemente, la mejoría habida en diversos aspectos de su vida en tan solo una generación, que corresponde al gran salto del país de los últimos 30 años.
Las personas reconocen, crecientemente, la mejoría habida en diversos aspectos de su vida en tan solo una generación, que corresponde al gran salto del país de los últimos 30 años. Por eso, resulta lamentable constatar que las personas perciben que no pueden proyectar esa situación
La reciente edición de la Encuesta Nacional Bicentenario 2015, realizada de manera conjunta por la Pontifica Universidad Católica y GfK Adimark, con el apoyo, entre otros, de “El Mercurio”, permite comparar, a lo largo de casi una década, las opiniones que los chilenos tienen frente a diversos temas que atañen a su vida, tanto en el ámbito social como en el económico y familiar; en particular, resulta pertinente revisar lo que la encuesta arroja frente a la visión del futuro que los chilenos tienen del desarrollo del país y de su confianza en las instituciones básicas de la nación, en momentos en que esas variables son motivo de preocupación en la ciudadanía.
Respecto de alcanzar el desarrollo en los siguientes 10 años, entre 2006 y 2015, ha caído desde 59% a 47% la proporción de quienes consideran que el país ha avanzado o lo ha alcanzado; en relación con eliminar la pobreza, la caída es desde 43% a 29%; en reducir la desigualdad de los ingresos, desde 41% a 24%; en relación con las perspectivas individuales, el que cualquier persona pueda comenzar su propio negocio de manera independiente, la proporción bajó de 51% a 29%, y que una persona de clase media llegue a tener una muy buena situación económica, de 49% a 35%.
Cuando se les consulta por la confianza en ciertas instituciones, respecto de las Fuerzas Armadas esta cayó desde 37% (bastante o mucha confianza) a 26% (habiendo alcanzado 49% entremedio); en la Iglesia Católica, desde 44% a 24%; en los medios de comunicación, desde 28% a 18%; en los partidos políticos, de 6% a 2%, y en los parlamentarios, de 5% a 1%.
Este es un cuadro desalentador. El mayor pesimismo respecto del futuro, no coyuntural, sino a 10 años plazo, solo puede traducirse en conductas menos dinámicas y más resignadas frente al porvenir, impactando con ello en las decisiones de inversión, consumo, innovación y riesgo de las personas; la menor confianza en las instituciones solo refuerza lo anterior. En efecto, una institucionalidad sólida y confiable despeja el futuro, amplía los horizontes, baja las tasas de descuento implícitas de las personas y aumenta el valor de los activos, que es lo contrario de lo que está sucediendo. El que Chile se deslice por la pendiente que esta encuesta revela, como una tendencia, debería preocupar a las autoridades, las que, sin embargo, no dan muestras de ello.
Respecto de la corrupción, el 62% estima que en Chile hay mucha corrupción y el 80% considera que Chile es un país corrupto. Sin embargo, cuando se les consulta si alguno de ellos ha enfrentado solicitudes de coima, solo un 7% responde afirmativamente, lo que indica que sus percepciones han sido construidas fuera de la experiencia propia, lo que deja espacio para la corrección.
Como una nota más optimista, las personas encuestadas consideran que si comparan su situación con la de sus padres a la edad de ellos, en 2015 el 60% cree que sus ingresos son mejores o mucho mejores, mientras que solo el 47% lo pensaba en 2007; en 2015 el 60% considera que su casa es mejor o mucho mejor que la de ellos, comparado con el 50% en 2007, y respecto de su trabajo, la misma respuesta ha subido de 41% en 2007 a 56% en 2015.
Es decir, las personas reconocen, crecientemente, la mejoría habida en diversos aspectos de su vida en tan solo una generación, que corresponde al gran salto del país de los últimos 30 años. Por eso, resulta lamentable constatar que, a pesar de ello, las personas perciben que no pueden proyectar esa situación hacia adelante, y, por el contrario, adviertan que se aproxima una cierta decadencia al respecto. La construcción de futuro del país no puede ignorar estas realidades.
El Mercurio, miércoles 21 de octubre de 2015.
