La Salvación: el valor intangible de la fe – P. Felipe Herrera
Iniciamos este año 2023 con la fe y nuestra fuerza puesta solo en el Señor que, en el evangelio de este domingo, se nos revela como un recién nacido acostado en un pesebre. La imagen bucólica del portal de Belén nos hace olvidar que el Niño Dios vino al mundo en un establo, circundado por el frío y el hedor propio de un lugar de guarda de animales, porque a su madre parturienta no la habían acogido en ningún lugar. Y hasta allí llegaron los pastores, a quienes el Ángel había anunciado el nacimiento del Mesías.
Estos pastores, normalmente rústicos en sus costumbres y carentes de cualquier tipo de instrucción, cuidaban rebaños ajenos y se procuraban la sobrevivencia a ritmo cotidiano, sin seguridades materiales que les dieran una estabilidad de vida. Su existencia era cuesta arriba y cada día era un desafío para seguir adelante. ¿Qué podía aportarles concretamente ese niño inerme, vulnerable y necesitado de todo? ¿Acaso pan para la jornada, leche y miel para endulzar una vida dura o, tal vez, un techo para habitar más tranquilamente? Nada de eso les ofrecía el pequeño Jesús. Sin embargo, los rudos pastores pudieron descubrir un valor intangible al constatar lo que el Ángel les había comunicado momentos antes: “Les ha nacido un Salvador”.
La fuerza de la gracia de Dios motivó e impulsó a los pastores, que “fueron rápidamente” al encuentro de una promesa de salvación que les cambiaría la vida, y así contemplaron, en una escena de amor infinito, “a María, a José y al recién nacido acostado en el pesebre”. Allí descubrieron que era real lo que Dios les había comunicado por medio del Ángel y, por ende, también debía ser cierto todo aquello que la fe les decía acerca del consuelo y la cercanía del Señor con los más postergados del Pueblo de Israel. En el Niño Dios renacía con mayor fuerza la esperanza en una vida digna que trascendía la existencia temporal, que no podía tocarse hoy, pero que abría un horizonte de plenitud eterna en comunión con Dios y con los hermanos. Y el acceso a esa Vida Eterna era y es la Salvación que nos ofrece Jesús. Por eso los pastores “volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido”. Su experiencia se transformó en anuncio gozoso de la Salvación, un valor intangible, pero el más importante que nos ofrece la fe.
Quienes hemos conocido esta promesa de Salvación, que se manifiesta de modo más fuerte en este tiempo de Navidad, también sabemos que como cristianos tenemos la misión de colaborar con el anuncio de dicha promesa. Y ese anuncio no pasa solo por una entusiasta proclamación de lo que hemos “visto y oído”, sino que se concreta eficazmente en la credibilidad de una vida coherente con el Evangelio, por ejemplo, por medio de la promoción humana integral, el trabajo con y por la justicia, el cultivo de la paz, el perdón y la sanación de las relaciones humanas, familiares y sociales. Que estas intenciones del corazón se conviertan en actitudes concretas y transformadoras en este año que comenzamos, en el que pedimos que la gracia de Dios nos sostenga y acompañe, porque sin el Señor, “nada podemos hacer”.
¡Feliz y fecundo 2023 con Cristo!
