Apóstoles en el mercado global: trabajar para el Reino de Dios – Mons. Kurian Mathew, Nuncio Apostólico en Chile
Versión corregida de la meditación predicada por el Nuncio Apostólico en Chile, Mons. Kurian Mathew Vayalunkal, en el Retiro de Semana Santa de USEC 2026 “El Evangelio del Trabajo”.
I. Introducción
Estimados, hermanos y hermanas,
Me alegra mucho estar con ustedes hoy. Es la primera vez que los encuentro a todos juntos en un ambiente espiritual tan hermoso. Me alegra mucho saber que USEC tiene esta tradición de retiro espiritual en preparación para la Semana Santa, animados de la inspiración cristiana que le infundió San Alberto Hurtado, hace ya más de 75 años. Aprecio mucho su esfuerzo y los animo a continuar con esta práctica.
De todos modos, estimados y estimadas, gracias por salir de la “sala de máquinas” de sus industrias o de las oficinas de sus empresas para estar aquí. Ustedes son hombres y mujeres que entienden el lenguaje de los planos, las cadenas de suministro, los proyectos, los presupuestos y los resultados finales. Están acostumbrados a ser quienes “hacen que las cosas sucedan”.
Pero al entrar en la Semana Santa, nos encontramos con una historia donde el Líder, Jesús, deja de “hacer” y comienza a “ofrecerse”. En el mundo de ustedes, el éxito se mide minimizando las pérdidas. En la Semana Santa, la historia comienza con una pérdida total.
A menudo pensamos en nuestra vida espiritual y nuestra vida profesional como dos empresas diferentes. Hoy, quiero sugerir que ambas comparten los mismos cimientos. Si queremos ser verdaderos líderes, debemos observar la Arquitectura del Sacrificio.
Por lo tanto, estimados, comencemos esta meditación con una breve oración:
Señor de toda la Creación y Arquitecto del Tiempo, nos presentamos ante Ti con manos acostumbradas a construir y mentes acostumbradas a calcular. En esta hora, ayúdanos a dejar de ‘gestionar’ por un momento. Despójanos de nuestros títulos y de nuestros balances generales. Ayúdanos a vernos no como dueños de nuestros dominios, sino como hijos Tuyos. Mientras recorremos el camino al Calvario, danos la valentía para cargar nuestras cruces con la misma integridad con la que dirigimos nuestras empresas. Amén.
II. Tres cambios de gestión
Queridos hermanos y hermanas, el núcleo de nuestra meditación se centrará en tres cambios de gestión (o giros de mentalidad):
Cambio 1: De la Propiedad a la Corresponsabilidad (El Cenáculo)
Para ilustrar esto, me gustaría invitarlos al Cenáculo, donde vemos a Jesús y sus discípulos reunidos para la Última Cena. Mientras que los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) se centran en la institución de la Eucaristía (el pan y el vino), Juan se enfoca en una acción simbólica poderosa: el lavatorio de los pies. Esto lo vemos en el Evangelio de Juan capitulo trece (13) y versícula uno al 17 (1-17). Yo diría que, en el contexto de la “teología del Cenáculo”, este pasaje evangélico establece el plano ético y relacional para la comunidad de creyentes.
En las empresas, hablamos de “Activos”. Somos dueños de la tierra, las máquinas y la propiedad intelectual. Pero en el Cenáculo, Jesús —el CEO del Universo— se quitó su manto y lavó los pies. Él nos recordó que no somos Dueños, sino Administradores (Stewardship). Su influencia, su capital y sus empleados son “préstamos” de Dios.
Les invito a reflexionar sobre esto: Si su empresa fuera un templo, en lugar de solo una fábrica, ¿cómo tratarían a los Activos de Alto Valor —los trabajadores— que laboran dentro de ella?
Cambio 2: El silencio de Getsemaní (El “War Room”)
La “experiencia de Getsemaní” (Mateo 26,36-46; Marcos 14,32-42; Lucas 22,39-46) sirve como la contraparte humana y cruda al discurso pulido del Cenáculo. Si en el Cenáculo se trató de la comunión, en Getsemaní se trata de la consagración a través de la agonía. En la teología cristiana, este momento es el puente entre la Última Cena y la Cruz, centrándose en el peso psicológico y espiritual del “Cáliz” amargo que se ha de beber.
Estoy seguro de que todos hemos experimentado este silencio de Getsemaní en nuestra vida. Cada uno de ustedes ha tenido un “momento Getsemaní”. Es esa comprensión a las 2:00 de la madrugada de que se avecina una crisis: una caída del mercado, una fusión fallida o un despido difícil. Es el momento más solitario del liderazgo.
Jesús en el Huerto de los Olivos no buscó una estrategia de salida. No trasladó la responsabilidad a sus subordinados. Pidió que el “cáliz” pasara, pero en última instancia, Él asumió el resultado.
Cuando las “cuentas” de su vida no cuadran, ¿tienen la valentía de decir, como Jesús, No se haga mi voluntad, sino la Tuya?
Queridos hermanos y hermanas, es muy difícil para nosotros soltarlo todo diciendo “Que no se haga mi voluntad, sino la Tuya”. Siempre nos aferramos a nuestra voluntad. Siempre queremos que nuestros planes se ejecuten. Pero decir “No se haga mi voluntad, sino la Tuya” es una decisión verdaderamente heroica. Es el momento donde la lucha humana por la autonomía se rinde ante la soberanía divina. Esta sola frase sirve como el plano para la obediencia cristiana y la resolución definitiva de la “experiencia de Getsemaní”.
Cambio 3: El Peso de la Cruz (Aseguramiento de Calidad)
La Cruz representa el costo de producción definitivo. Fue el precio pagado para redimir ese “producto defectuoso” que somos nosotros.
En economía, el valor de un activo suele determinarse por el precio que un comprador está dispuesto a pagar en el mercado. Para remanufacturar o redimir a la humanidad, Dios también tuvo que asumir un costo de producción. Dios no utilizó plata ni oro (1 Pedro 1,18-19); Él entregó a Su propio Hijo, Jesucristo.
Cuando un fabricante asume un alto costo de reparación para restaurar un producto, su objetivo no es simplemente que este vuelva a ser “operativo”; busca que supere sus especificaciones originales.
Existe una máxima teológica fundamental: “El precio pagado por un bien es la medida de su valor”. Si el costo de nuestra redención fue la Cruz, entonces su valor es, por definición, incalculable. No somos un producto “de bajo costo” por haber estado dañados; somos invaluables debido a la inversión que el Padre estuvo dispuesto a realizar para reintegrarnos a nuestra esencia original.
Esto establece una correlación directa con el “Cenáculo” y el “Getsemaní”. En el Cenáculo, se suscribió el contrato (El Nuevo Pacto). En Getsemaní, se evaluó la viabilidad del costo. En la Cruz, se liquidó el pago. En la Resurrección se restableció la base de un futuro esperanzador: la vida eterna.
III. Auditoría Espiritual
Estimados amigos, realicemos ahora una Auditoría Espiritual que nos permita percibir nuestra realidad con mayor claridad.
En la industria, el “tiempo de inactividad” (downtime) se considera una falla. En la vida espiritual, ese tiempo de parada es precisamente donde se prepara el milagro. Al iniciar esta Semana Santa, utilicemos este periodo para realizar una evaluación profunda de nuestra existencia, de nuestra vida.
Así como el metal se purifica bajo calor extremo para eliminar las impurezas, la Semana Santa es la fundición donde se pone a prueba nuestro carácter. El calor no tiene como fin destruir el metal, sino elevarlo a Grado A para el uso del Maestro, Jesucristo. Del mismo modo, el sufrimiento, las penas y las dificultades que enfrentamos a diario forman parte de un proceso de purificación.
Esta Semana Santa debe ser la cadena de suministro de la Gracia: a menudo nos preocupa la entrega “justo a tiempo” (just-in-time), pero recuerden que la gracia de Dios nunca está en “lista de espera” (back-ordered). No obstante, nosotros solemos ser el cuello de botella del sistema cuando nos negamos a perdonar o a ser generosos.
Esta Semana Santa debe representar los Planos del Reino: un empresario o un industrial nunca construye sin un proyecto definido. Mi pregunta hoy es: “¿Está construyendo su vida basándose en sus propios bocetos, o está siguiendo los planos originales del verdadero Arquitecto?”. El verdadero Arquitecto de nuestra vida es Dios mismo.
Esta Semana Santa debe ser la Parada de Mantenimiento. Toda planta industrial requiere una parada programada para limpieza profunda y reparaciones. Toda organización empresarial requiere de un alto para su evaluación y ajustes. Este retiro es su Parada de Evaluación y Mantenimiento Espiritual. Si no se detiene ahora, el “motor” de su alma eventualmente dejará de funcionar.
Antes de adentrarnos en la Semana Santa, queridos amigos y amigas, permítanme invitarles a reflexionar sobre las siguientes tres preguntas, como parte de su Auditoría Espiritual:
- Retorno de la Inversión (ROI) vs Retorno de las Relaciones (ROR): ¿Cómo he invertido en el Retorno de las Relaciones con mi familia y mi equipo de trabajo? ¿O estoy excesivamente preocupado por el Retorno de la Inversión financiera? ¿He invertido tanto tiempo en las almas de quienes me rodean como en mis ganancias de capital?
- Sostenibilidad: ¿Es el ritmo de mi empeño por el éxito de mi empresa sostenible para mi alma? ¿Son las actuales Revoluciones por Minuto (RPM) de mi vida compatibles con mi salud espiritual, o me dirijo hacia un agotamiento de mi sistema personal (burnout)?
- Legado: Si mi “empresa” cerrara mañana, ¿qué diría Dios sobre mi gestión (stewardship)? Si tuviera que liquidar mis negocios mañana, ¿cuál sería el “valor eterno” de la obra de mi vida?
IV. Conclusión
Queridos hermanos y hermanas: el mundo les mide por lo que construyen; Dios les mide por aquello en lo que se convierten mientras lo están construyendo. Por lo tanto, al salir de este espacio y regresar al rumor de las máquinas, al brillo de las pantallas y a la presión de los mercados, recuerden esto: el Domingo de Resurrección es la Gran Apertura definitiva.
Es el día en que Dios demostró que incluso la situación de mayor quiebra —la muerte misma— puede transformarse en un beneficio glorioso para la humanidad.
Regresen a sus salas de juntas o a sus oficinas, pero lleven consigo la jofaina y la toalla del Cenáculo. Regresen a sus fábricas, oficinas o empresas, pero recuerden la integridad de la Cruz cuando el resultado final (bottom line) les tiente a tomar atajos poco éticos.
Ustedes no son solo Empresarios. Son los administradores de los bienes que Dios les confía. Construyan servicios que perduren. Traten a las personas como los Activos de Alto Valor que realmente son a los ojos de Dios. Traten a cada persona como imagen de Dios.
Deseo que ahora vuelvan a sus emprendimientos no solo como directivos, sino como apóstoles en el mercado global.
Vayan ahora, no a trabajar para sí mismos y sus empresas, sino a trabajar para el Reino de Dios. Que su labor sea su oración y que su éxito sea Su gloria.
Les deseo a todos una feliz Semana Santa. Que Dios los bendiga.
