16 Oct 2020

Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios – Mons. Cristián Roncagliolo

La respuesta de Jesús a la pregunta sobre el tributo al César es hondamente iluminadora para la vida ciudadana. El sentido del texto es subrayar la importancia de las responsabilidades sociales y políticas que todos tenemos. A Jesús le preguntan por los derechos del César, pero él responde recordando los derechos de Dios por los que nadie le ha preguntado. Si bien, la moneda imperial lleva la imagen del César, el ser humano es imagen de Dios y su dignidad de hijo de Dios no debe quedar sometida a ningún César. En el fondo, en esta expresión Jesús pone los límites al Cesar y los horizontes a sus discípulos.

Esta separación entre lo del César y lo de Dios, evidentemente, no es absoluta dado que en muchas ocasiones ambos ámbitos se relacionan y entre cruzan. Con este antecedente el texto ilumina y nos provoca a asumir un compromiso responsable con el bien común social para ser agentes proactivos en la generación de una cultura fecundada por el  Evangelio.

Es cierto que en este activo compromiso por el bien común encontraremos cristianos situados legítimamente en ‘diferentes veredas’, en partidos o grupos diversos. Esto es un valor en sí porque “las diferencias son creativas, crean tensión y en la resolución de una tensión está el progreso de la humanidad” (FT 203). Pero, en medio de esta diversidad de domicilios políticos y sociales, somos desafiados a respetarnos sabiendo que esta actitud ‘aviva’ la esperanza y ‘abona la tierra’ para la fraternidad; la descalificación del hermano, por el contrario, destruye la convivencia, violenta la paz y jamás ayudará a construir esperanza.

En un tiempo de discernimiento y conscientes que el pensamiento cristiano no tiene un único domicilio político, tenemos la exigencia común de anunciar el Reino de Dios difundiendo –y viviendo– aquellos principios que, inspirados en el Evangelio, han de vitalizar el corazón de nuestra sociedad y servirnos a todos. Ejemplos de estos son, entre otros, el respeto a la vida, la centralidad de la persona, el bien común, la opción por los excluidos, la solidaridad, la subsidiariedad, la libertad de culto y la responsable participación ciudadana en el devenir nacional, entre otros. Estos principios han de ser tenidos en cuenta, difundidos y profundizados porque son ‘columnas’ en la constitución del tejido social. 

Concluyo recordando lo que Francisco luminosamente afirma en Fratelli Tutti: “si en definitiva no hay verdades objetivas ni principios sólidos, fuera de la satisfacción de los propios proyectos y de las necesidades inmediatas no podemos pensar que los proyectos políticos o la fuerza de la ley serán suficientes. Cuando es la cultura la que se corrompe y ya no se reconoce alguna verdad objetiva o unos principios universalmente válidos, las leyes sólo se entenderán como imposiciones arbitrarias y como obstáculos a evitar” (FT 206).

Feliz Domingo.