Optimismo: una decisión de liderazgo – Francisca Valdés
El Imacec conocido esta semana entregó una señal positiva en medio de un escenario que muchas veces parece dominado por las malas noticias. No resuelve por sí solo los desafíos que enfrenta Chile, pero sí nos recuerda que también existen razones para mirar hacia adelante con mayor confianza.
Al mismo tiempo, el IPEC, indicador que mide cómo los consumidores perciben la economía y sus perspectivas futuras, cayó en julio a su nivel más bajo desde julio de 2024 y completó seis meses consecutivos de retroceso. El pesimismo, igual que el optimismo, es contagioso, y cuando se instala en el ánimo colectivo tiende a autocumplirse: si las personas postergan el consumo, las empresas, la inversión y los emprendedores sus proyectos, el país efectivamente crece menos. Un clima pesimista, además, es terreno fértil para que prendan otros problemas —la polarización, la desconfianza entre actores, la parálisis en las decisiones— que después cuesta mucho más apagar.
Precisamente por eso, hablar hoy de optimismo no es un ejercicio ingenuo. Ser optimistas no significa desconocer la incertidumbre ni minimizar los problemas, sino decidir que vale la pena enfrentarlos y confiar en que nuestras acciones pueden contribuir a cambiar el rumbo del país. Si queremos transformar a Chile, no nos conviene instalarnos en el pesimismo: nos paraliza justo cuando más necesitamos actuar.
Chile enfrenta desafíos profundos. Necesitamos volver a crecer, generar más y mejores empleos, enfrentar los efectos de la baja natalidad y prepararnos para una transformación tecnológica liderada por la inteligencia artificial. Son retos complejos, pero también una oportunidad para repensar el desarrollo que queremos construir.
Nuestro país ha demostrado una y otra vez una enorme capacidad para sobreponerse a la adversidad. Contamos con personas talentosas, emprendedores que innovan, empresas que crean valor, universidades que generan conocimiento y organizaciones comprometidas con el bien común. Lo tenemos casi todo para crecer; lo que hoy necesitamos recuperar es la confianza para poner ese potencial en movimiento.
Porque el crecimiento económico no surge únicamente de buenas cifras. Nace cuando existe confianza para invertir, innovar, emprender y cuando las personas sienten que su trabajo tiene sentido y que el país ofrece oportunidades para construir un proyecto de vida.
Por ello es importante preguntarnos: ¿Qué tipo de liderazgo estamos ejerciendo en un momento en que Chile necesita volver a creer en sí mismo? ¿Cuáles son los mensajes que entrego de mi visión de país frente a los demás? ¿Estamos pensando en el país que queremos dejar a las próximas generaciones?
En USEC creemos que el desarrollo económico y el desarrollo humano no compiten entre sí; se potencian mutuamente. No existe crecimiento sostenible sin confianza, ni confianza duradera sin empresas comprometidas con las personas, la ética y el bien común.
Recuperar la confianza no es una tarea que corresponda únicamente a las autoridades ni depende de que cambie la coyuntura. También se construye desde las empresas, las organizaciones y las decisiones que tomamos cada día.
El optimismo es, sin duda, una decisión de liderazgo. Es creer que cada empresa, cada emprendedor y cada ciudadano puede contribuir a escribir una historia distinta. El pesimismo, en cambio, no construye nada: solo confirma sus propios temores. Como líderes empresariales tenemos una responsabilidad que trasciende los resultados financieros. Dirigir una empresa es, ante todo, liderar personas.
Chile recuperará la confianza en la medida en que seamos capaces de dejar atrás el pesimismo, volver a creer, trabajar juntos y comprometernos con el futuro del país.
Columna publicada en El Líbero el domingo 9 de agosto de 2026.
