13 Mar 2017

Soledad Neumann – Inserción laboral de la mujer en Chile: una tarea pendiente

Este miércoles se celebró el Día Internacional de la Mujer, una fecha que nos da la oportunidad de observar y analizar con honestidad cuánto y cómo hemos avanzado en la real integración de las mujeres en Chile.

Recientemente la Unión Internacional Cristiana de Dirigentes de Empresas (UNIAPAC) –que agrupa a más de 30 mil empresarios y ejecutivos cristianos de todo el orbe, a la cual USEC pertenece y que durante el primer semestre de este año será presidida por el empresario chileno, Rolando Medeiros–, publicó un documento sobre la influencia de los líderes de negocios en la construcción de una economía más inclusiva, en la que el foco esté puesto en las personas, en el respeto a su dignidad y en la verdadera búsqueda del bien común.

Uno de los capítulos de este documento trata sobre la realidad de la mujer chilena, específicamente sobre su inserción en el mundo del trabajo. Sabemos que ha habido avances y las cifras así lo avalan (nuestra participación en el mercado laboral ha crecido de 32.5% en 1990 a 48.4% en 2014, según la última Encuesta Nacional de Empleo realizada por el INE), pero también sabemos que nos falta mucho camino por recorrer, sobre todo en cuanto a equidad salarial, inclusión en cargos ejecutivos y de la alta dirección, entre otros; diferencias que no sólo implican un tema de desigualdad, sino que también representan una pérdida para las empresas, que desaprovechan la posibilidad de contar con el talento femenino entre sus filas, el que –complementario al de los hombres–, puede hacer aún más productiva y sustentable a cualquier compañía.

Es de esperar que tanto los líderes empresariales de hoy, como aquellos que están formándose para el mañana, tomen conciencia del aporte que las mujeres podemos hacer a la empresa, de lo necesario que es que establezcan políticas corporativas que permitan conciliar mejor trabajo y familia, tales como mayor flexibilidad horaria (entrada o salida diferida, jornada parcial, semana comprimida), adaptabilidad laboral (acuerdos uno a uno, entre el empleador y la colaboradora, para definir las políticas laborales según cada caso particular), reconocimiento a la productividad y no al “presentismo”, es decir, premiar el cumplimiento de metas y objetivos, no simplemente el hecho de estar sentado detrás del escritorio, y la preocupación real por contar con líderes empáticos, que reconozcan la necesidad de aplicar este tipo de mecanismos en sus organizaciones y que cumplan efectivamente con las políticas que en este sentido haya definido la empresa.

Soledad Neumann R., Directora Ejecutiva USEC.

Publicación: El Mostrador, sábado 11 de marzo de 2017.