• Esta época del año en que nos preparamos para celebrar una vez más en familia la venida de Jesús es una oportunidad para replegarnos y reflexionar respecto a lo que fue este año 2009 y proyectar el 2010. Así como a todo empresario y ejecutivo le corresponde iniciar un período de evaluación y planificación para su empresa, de cara al futuro estamos llamados también a hacer lo mismo con los otros niveles de nuestra vida: familiar, personal y espiritual.
Una pregunta que puede guiar nuestra reflexión y orientar acciones futuras es ¿cómo estoy por casa? Todos conocemos el refrán “La caridad parte por casa”, y sin embargo, necesitamos recordarlo una y otra vez, ya que el tenerlo presente nos permite mantener un eje que mantenga un equilibrio en medio de nuestras múltiples y crecientes responsabilidades.
Ahora bien, tenemos al menos tres casas. Nosotros mismos, nuestra familia y nuestra empresa. Sabemos que la dedicación a nuestro trabajo nos implica muchas veces costos personales y familiares, pero que hay un límite que debemos trazar. La conciencia de ello nos permite apuntar a nuestro propio desarrollo integral y a tener presente que la persona que deja de lado su propio crecimiento espiritual y a su desarrollo en familia está coja en su identidad y, a la larga, sola.
Por otra parte, nuestras empresas también son nuestra casa. En ellas pasamos la mayor cantidad de horas de la semana. Nuestro trabajo es una fuente importantísima de desarrollo, realización y gratificación personal. Es así como, nuestra comunidad laboral se vuelve tan o más importante, muchas veces, que la labor misma. Trabajamos codo a codo con personas en las que confiamos y que respetamos, sobre todo cuando nos aportan un punto de vista diferente y complementario al nuestro. Preguntémonos entonces, ¿Cómo nos ven nuestros colaboradores, sean subalternos, pares o nuestros superiores? ¿Qué imagen creemos proyectar? ¿Es esa imagen consistente con el tipo de persona que queremos ser… y con cómo nos ven? Y no es sólo cuestión de imagen, es cuestión de coherencia entre el ser, el parecer y el hacer. Es que la responsabilidad social, parte también por casa.
El 2009 representó para USEC un año de intensa reflexión y actividad realizadas a propósito de la crisis económica que marcó este año y de la publicación de la encíclica Caritas in Veritate, que vino a confirmar el horizonte al que miramos y las metas a cumplir. Junto con los logros y satisfacciones de este año, y casi terminando éste, lamentamos la partida de uno de nuestros directores más emblemáticos y comprometidos: Walter Riesco Salvo, destacado dirigente empresarial de reconocida trayectoria, admirado por sus cualidades tanto profesionales como éticas y humanas; un cercano colaborador de USEC cuya enfermedad lo privó de asumir, como era su voluntad, mayores responsabilidades en nuestro directorio.
Los desafíos por venir son considerables. Para el próximo bienio, proyectamos el lanzamiento de la segunda “Misión Empresarial” y también cursos formativos en Doctrina Social de la Iglesia (DSI) y ética empresarial. Haremos una fuerte difusión del modelo de responsabilidad social empresarial de UNIAPAC para que nuestras empresas socias lo conozcan y se animen a adoptarlo como guía para su quehacer empresarial. Se trata del primer modelo de RSE cuya matriz incluye como variable al desarrollo integral de los stakeholders, a su desarrollo en todas sus dimensiones: material, humana y trascendente.
La cultura que se construye al interior de las empresas permea a la cultura de la sociedad completa. Los valores presentes en una empresa se extrapolan a su comunidad de base y al país. Por eso, las empresas tienen hoy un rol formativo, además del económico y social. Se trata de una posición privilegiada para incidir en el bien común. La Iglesia nos llama a construir una Nueva Cultura Empresarial. Este nuevo modo de hacer empresa se sustenta en el principio fundamental de la DSI de respeto a la dignidad de la persona y al fomento de su desarrollo integral, que se traduce en principios tales como la solidaridad, la subsidiariedad, la justicia y la gratuidad. Acojamos este llamado como una especial vocación que nos mueve a ser empresarios y ejecutivos cristianos en la verdad, y no “a mi manera”.
Finalmente agradezco, en nombre del directorio y equipo de USEC, el apoyo que hemos recibido de todos ustedes este año que termina y hago un llamado a todos quienes puedan ejercer un compromiso más activo, a hacerlo, ya que los desafíos que afrontamos requieren de la suma del trabajo de muchos.
Que Jesús Niño renueve el corazón de todos nosotros. Feliz Navidad.
Una pregunta que puede guiar nuestra reflexión y orientar acciones futuras es ¿cómo estoy por casa? Todos conocemos el refrán “La caridad parte por casa”, y sin embargo, necesitamos recordarlo una y otra vez, ya que el tenerlo presente nos permite mantener un eje que mantenga un equilibrio en medio de nuestras múltiples y crecientes responsabilidades.
Ahora bien, tenemos al menos tres casas. Nosotros mismos, nuestra familia y nuestra empresa. Sabemos que la dedicación a nuestro trabajo nos implica muchas veces costos personales y familiares, pero que hay un límite que debemos trazar. La conciencia de ello nos permite apuntar a nuestro propio desarrollo integral y a tener presente que la persona que deja de lado su propio crecimiento espiritual y a su desarrollo en familia está coja en su identidad y, a la larga, sola.
Por otra parte, nuestras empresas también son nuestra casa. En ellas pasamos la mayor cantidad de horas de la semana. Nuestro trabajo es una fuente importantísima de desarrollo, realización y gratificación personal. Es así como, nuestra comunidad laboral se vuelve tan o más importante, muchas veces, que la labor misma. Trabajamos codo a codo con personas en las que confiamos y que respetamos, sobre todo cuando nos aportan un punto de vista diferente y complementario al nuestro. Preguntémonos entonces, ¿Cómo nos ven nuestros colaboradores, sean subalternos, pares o nuestros superiores? ¿Qué imagen creemos proyectar? ¿Es esa imagen consistente con el tipo de persona que queremos ser… y con cómo nos ven? Y no es sólo cuestión de imagen, es cuestión de coherencia entre el ser, el parecer y el hacer. Es que la responsabilidad social, parte también por casa.
El 2009 representó para USEC un año de intensa reflexión y actividad realizadas a propósito de la crisis económica que marcó este año y de la publicación de la encíclica Caritas in Veritate, que vino a confirmar el horizonte al que miramos y las metas a cumplir. Junto con los logros y satisfacciones de este año, y casi terminando éste, lamentamos la partida de uno de nuestros directores más emblemáticos y comprometidos: Walter Riesco Salvo, destacado dirigente empresarial de reconocida trayectoria, admirado por sus cualidades tanto profesionales como éticas y humanas; un cercano colaborador de USEC cuya enfermedad lo privó de asumir, como era su voluntad, mayores responsabilidades en nuestro directorio.
Los desafíos por venir son considerables. Para el próximo bienio, proyectamos el lanzamiento de la segunda “Misión Empresarial” y también cursos formativos en Doctrina Social de la Iglesia (DSI) y ética empresarial. Haremos una fuerte difusión del modelo de responsabilidad social empresarial de UNIAPAC para que nuestras empresas socias lo conozcan y se animen a adoptarlo como guía para su quehacer empresarial. Se trata del primer modelo de RSE cuya matriz incluye como variable al desarrollo integral de los stakeholders, a su desarrollo en todas sus dimensiones: material, humana y trascendente.
La cultura que se construye al interior de las empresas permea a la cultura de la sociedad completa. Los valores presentes en una empresa se extrapolan a su comunidad de base y al país. Por eso, las empresas tienen hoy un rol formativo, además del económico y social. Se trata de una posición privilegiada para incidir en el bien común. La Iglesia nos llama a construir una Nueva Cultura Empresarial. Este nuevo modo de hacer empresa se sustenta en el principio fundamental de la DSI de respeto a la dignidad de la persona y al fomento de su desarrollo integral, que se traduce en principios tales como la solidaridad, la subsidiariedad, la justicia y la gratuidad. Acojamos este llamado como una especial vocación que nos mueve a ser empresarios y ejecutivos cristianos en la verdad, y no “a mi manera”.
Finalmente agradezco, en nombre del directorio y equipo de USEC, el apoyo que hemos recibido de todos ustedes este año que termina y hago un llamado a todos quienes puedan ejercer un compromiso más activo, a hacerlo, ya que los desafíos que afrontamos requieren de la suma del trabajo de muchos.
Que Jesús Niño renueve el corazón de todos nosotros. Feliz Navidad.








